Esta semana hemos podido hacer una de las pruebas más difíciles que se le pueden hacer a un coche eléctrico urbano: irnos de viaje.Nos fuimos ida y vuelta en el mismo día, más de 800 kilómetros, y tuvimos que parar seis veces en total para cargar. Eso se traduce en casi dos horas extra de trayecto pasadas en electrolineras, con sus momentos de paciencia, planificación y algún que otro agobio.Y si hablamos de dinero, tampoco es que ahorrásemos, al revés, perdimos. Al final, el viaje nos costó unos 90 €, frente a los aproximadamente 50 € que habríamos gastado con un gasolina consumiendo 5,5 l/100 km y repostando en una low cost a 1,29 €/l.¿Compensa? ¿Es el futuro o todavía no?