Carrefour retira Pepsi y Doritos por «aumentos inaceptables» de precio
Carrefour ha dejado de vender los productos de PepsiCo. La compañía de distribución francesa sostiene que la multinacional estadounidense está repercutiendo «aumentos inaceptables» en sus precios y ha decidido retirarlos de forma progresiva de sus lineales. Entre las marcas afectadas están los refrescos
Pepsi-Cola y 7Up, otras bebidas como Gatorade y Aquafina, el gazpacho Alvalle y los aperitivos de Lays, Ruffles,
Doritos, Cheetos y Matutano. La medida no se queda en Francia: alcanza también a los supermercados españoles.
¿Qué productos de PepsiCo deja de vender Carrefour?
Refrescos, aperitivos y una marca de gazpacho. La lista de referencia incluye Pepsi-Cola, 7Up, Gatorade, Aquafina, Alvalle, Lays, Ruffles, Doritos, Cheetos y Matutano. No es un corte único: la compañía habla de una
salida progresiva de sus lineales.
En las tiendas francesas el aviso está a la vista del comprador: «Ya no vendemos esta marca debido a los aumentos inaceptables de los precios». Es la versión que Carrefour ofrece a quien empuja el carro. Detrás hay una negociación entre dos gigantes que no ha llegado a puerto.
El precedente argentino: góndolas vacías con Milei
No es la primera vez que la cadena francesa usa el lineal como herramienta de presión. En Argentina, según una información citada en el debate, Carrefour se negó a aceptar los aumentos de precio de algunos proveedores desde la asunción del presidente
Javier Milei y dejó intencionadamente vacíos los espacios de esos productos en las góndolas. El gesto se presentó entonces como protesta y como defensa de los consumidores. El mismo envoltorio viaja ahora con la retirada de PepsiCo.
¿Es defensa del consumidor o un pulso por los márgenes?
Aquí empieza el desacuerdo. Una lectura toma al pie de la letra el argumento de la empresa: si el proveedor sube demasiado, el distribuidor protege el bolsillo de su cliente retirando el producto. Otra, defendida por varios participantes del debate, apunta a una
guerra de comisiones: PepsiCo habría preferido más margen por unidad que volumen total de ventas, y Carrefour no estaría dispuesta a ese reparto. La protección del consumidor sería entonces, según esta lectura, la forma de vender al cliente una negociación que no le incumbe.
El argumento de la
rotación es el que más se repite. Un supermercado mide el rendimiento del hueco: si una referencia apenas se vende porque está cara, ocupa un espacio que rendiría más con otra. Y contra eso choca la objeción obvia. Doritos, Lays y Pepsi son superventas, no productos marginales. Si se vendieran como churros aunque sea a precio de oro, nadie los quitaría.
Los precios que los compradores ya no quieren pagar
Los ejemplos que se citan van todos en la misma dirección:
- Zumo de naranja ECO Granini: de 2,50 a 2,60, después 2,80 y finalmente 3,99 euros.
- Seven Up a 1,76 euros frente a la marca blanca de lima limón a 1,05.
- Cerveza Paulaner de cristal por encima de dos euros; las latas, a 1,99 y en oferta a 1,70.
- Cerveza de trigo del Lidl de 0,80 a 1,20 euros.
- Una bolsa de patatas fritas de cuatro euros que, por kilo, sale a casi 20.
Detrás de cada cifra hay una decisión doméstica. Quien dejó de comprar la cerveza de importación y no volvió ni con las latas en oferta. Quien sustituyó los nachos de marca por los de la propia cadena, a 0,95 euros. Quien cuenta que la última bolsa que abrió tenía
16 Doritos contados y el resto aire, a 1,50 euros. Nada de esto es un manifiesto: es el precio de un aperitivo convertido en criterio de compra.
Quién decide qué se vende en un supermercado
El lineal es un recurso escaso y quien lo controla tiene la sartén por el mango. Un participante relata que, hace décadas, trabajó para una gran exportadora a la que una gran superficie, ejerciendo de único comprador de un proveedor, impuso condiciones que sus responsables firmaron porque dejar de venderle era la ruina. En ese tablero, la variedad no es un derecho del cliente, es lo que el mercado permita.
Frente a la multinacional, siempre queda la marca blanca y el producto de proximidad. Ahí encaja el recordatorio de que hay aperitivos fabricados por empresas de aquí, y que cada compra decide a quién se financia. Un dato que no entra en la negociación entre Carrefour y PepsiCo, pero que sí entra en el carro.
El final está abierto. Lo verificable es que hay lineales que empiezan a quedarse vacíos y que el cliente ya estaba cambiando de marca antes de que le dieran permiso.