Sois previsibles en vuestro empeño por reducir cualquier discusión a un eslogan cómodo. Decir que «todo es especulación» no es un análisis: es una simplificación interesada de una realidad compleja, útil únicamente para mantener intacta la engañosa narrativa que sostiene a Bitcoin.
El precio de cualquier bien o servicio se compone, en mayor o menor medida, de cuatro dimensiones: valor de uso, valor percibido, valor impuesto y valor especulativo. El componente especulativo siempre está presente, pero es, por definición, inestable y transitorio. Tiende a disiparse con el tiempo, porque depende de expectativas cambiantes, no de fundamentos.
En el caso de Bitcoin, el valor de uso es irrelevante: apenas se utiliza como medio de pago y, paradójicamente, desde su propio entorno se insiste en no usarlo, sino en retenerlo. El valor percibido es inexistente (histórico, belleza, etc) y el valor impuesto es nulo, porque jamás será dinero.
Su cotización descansa, por tanto, casi exclusivamente sobre el componente especulativo. Y cuando ese componente se agote —como siempre ocurre—, el precio no tendrá nada que lo sostenga, se irá a 0.
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Qué es Bitcoin, qué no es y qué no será