La espiral de los Juegos de Invierno 2026: Da Vinci o satanismo
Un gran espiral giratorio, iluminado, ocupó el centro del escenario en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, en Italia, una gala presentada bajo el concepto «Harmony». Horas después, la misma imagen circulaba por redes con un relato muy distinto: pentáculos invertidos, «rueda de Baal», símbolos de la logia masónica P2 y adoración a Saturno. De ahí al titular de «ceremonia satánica» hubo un salto de un párrafo.
No hay ninguna confirmación oficial de ese contenido. Lo que sí existe es un diseño escénico concreto, un autor que lo explica y una cifra incómoda para quien ve sectas en todas partes. Conviene separar el espectáculo de las imágenes que alguien decide proyectar sobre él.
Qué se vio de verdad en la ceremonia
La escena central era una espiral en movimiento, con formas de fuego y una geometría que muchos espectadores reconocieron como símbolo antiguo. Ahí empezó el problema. Porque una espiral, fuera de contexto, no dice nada; metida en un montaje con luces y anillos, admite tantas lecturas como espectadores haya.
Una parte del público identificó en el conjunto una sucesión de referencias ocultistas: pentáculos, el ojo que algunos llaman «de Sauron» y una supuesta «rueda de Baal». La acusación se repitió tanto que acabó pareciendo un hecho comprobado. No lo es. El diseño no viene acompañado de ninguna declaración que confirme esa intención, y las lecturas simbólicas son interpretaciones, no documentos.
La explicación del propio diseñador: nudos de Da Vinci
Aquí la cosa se pone interesante. Según el equipo de diseño recogido en el sitio oficial de los Juegos, la espiral no es un pentáculo ni una rueda ritual: es una recreación de los nudos de Leonardo da Vinci. Y el origen tiene truco histórico. Da Vinci pasó años en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza, y de aquella etapa salieron los famosos entrelazados que hoy decoran desde grabados hasta encuadernaciones.
La lectura menos épica es también la más documentada: un motivo renacentista, no un altar. Quien prefiera ver un mensaje oculto tendrá que explicar por qué los organizadores eligieron precisamente a un artista del siglo XV para esconderlo a la vista de todo el planeta.
Por qué la teoría satánica no se sostiene
El relato de la élite satánica tiene un problema de escala. Si el objetivo fuera esconder mensajes ante las narices de todos, el resultado es más bien un espectáculo que se emite en abierto y que millones de personas ven a la vez. Eso no es ocultismo: es publicidad.
Y luego está la aritmética. Según los datos de la BBC manejados en este asunto, hay alrededor de seis millones de masones en el mundo. Seis millones de personas no forman una sociedad secreta: forman una ciudad mediana. Cualquier conspiración que necesite ese censo para funcionar deja de ser una conspiración y pasa a ser, simplemente, una afición muy extendida.