¿Cuánto falta para que las chabolas del Ebro sean un paisaje permanente en Zaragoza?
Las orillas del Ebro en Zaragoza se han convertido en el escenario de un fenómeno que crece sin que las administraciones parezcan capaces de atajarlo. Decenas de tiendas de campaña y chabolas improvisadas salpican el cauce del río, desde el entorno de la Estación Delicias hasta los descampados junto a La Aljafería. No es un problema exclusivo de la capital aragonesa: en Barcelona, Bilbao y Madrid proliferan asentamientos similares en parques, bajo puentes y junto a vías del tren.
El mapa de la exclusión residencial se extiende
Si algo evidencia la discusión es que el chabolismo no es una anomalía local, sino un síntoma de una crisis de vivienda que se agrava. En Bilbao, en el tramo del Sagrado Corazón a la Plaza Circular, se han contabilizado hasta 18 personas durmiendo en la calle en poco más de un kilómetro. En Barcelona, entre la estación de Sants y la calle Aragón, se ven decenas de tiendas de campaña. En Madrid, los asentamientos bajo la M30 y junto al Espacio Delicias llevan años consolidados. La progresión es clara: lo que empezó como un fenómeno marginal en grandes ciudades se ha normalizado.
¿Causa o consecuencia? El debate sobre la inmigración
Las posturas chocan de frente. Una corriente sostiene que la raíz está en la inmigración irregular y las políticas de regularización masiva, que generarían un «efecto llamada» y saturarían los recursos públicos. Desde esta perspectiva, los asentamientos son el resultado inevitable de no controlar las fronteras ni aplicar la ley. Frente a ello, otro análisis apunta a la especulación inmobiliaria, la falta de vivienda social y un mercado laboral precario que expulsa a los más vulnerables, sean migrantes o nacionales. «La culpa es de la especulación y el estigma», resume una de las intervenciones.
La paradoja del río y el silencio institucional
Lo cierto es que, mientras el debate se encrespa en las redes, las administraciones locales parecen mirar hacia otro lado. El Ayuntamiento de Zaragoza, inmerso en proyectos de parques fluviales, no ha ofrecido una respuesta pública al crecimiento de los campamentos. La ironía no escapa a nadie: las chabolas con «vistas al río» se venden como un chiste inmobiliario en Idealista, mientras los vecinos alertan de que las crecidas del Ebro, históricas, arrasarán los asentamientos cuando lleguen las lluvias de otoño. O quizás no, si las ONG los reubican en hoteles antes de que baje la temperatura.
El tiempo corre. Febrero, con sus heladas, está a la vuelta de la esquina. Y las tiendas de campaña, por ahora, siguen ahí.