Sánchez dice a Ceuta que asuma la migración: «No son invasores»
Pedro Sánchez ha dicho que Ceuta tiene que asumir «una realidad estructural» con miles de migrantes y que «no son invasores, buscan una vida mejor». La frase, difundida por El Español, ha reabierto la discusión pública sobre qué calcula realmente el Gobierno cada vez que habla de inmigración en la frontera sur. Y sobre si lo que a primera vista parece un error electoral es, en realidad, una jugada bastante meditada.
El cálculo de no pelear en el terreno de la derecha
La lectura más repetida es que Sánchez no intenta disputar el terreno de la derecha. Mientras unos compiten por ver quién promete más protección a los ceutíes, él se dirige a su propio electorado. Se argumenta que cuanto más protagonismo cobre Ceuta en la agenda, peor lo pasa la oposición, obligada a un discurso securitario que también moviliza al votante de izquierdas. Bajo ese prisma, la salida no sería un desliz, sino una apuesta.
Ceuta: pocos escaños, mucho símbolo
En contra pesa la aritmética. Quien firma la declaración no arriesga gran cosa en términos de escaños, así que hay quien concluye que al Gobierno le da igual la reacción local: no hay bolsa de votos que perder. Otros responden que el coste no se mide en el censo de Ceuta, sino en el relato que se instala en el resto de España. La imagen que queda —una frontera desbordada— pesa más que cualquier escaño.
La «internacional ultraderechista»
Sánchez añadió que «la internacional ultraderechista» quiere hacer caer al Gobierno y «está utilizando Ceuta para expandir el miedo, el odio y la xenofobia». La respuesta más afilada recuerda que a él no le pareció mal tumbar a Rajoy. El reproche del doble rasero reaparece.
El análisis se atasca aquí: si la estrategia es tan sólida como sostienen unos, no se explica el ruido que genera dentro del propio campo. Y si es tan ruinosa como dicen otros, tampoco se explica que se repita.