Charobot y la trama de necrofilia que salpica a Díaz y Montero
¿Puede un bot de internet cruzar historiales clínicos de fallecidos con perfiles de redes sociales y asignarlos a cargos públicos según criterios estéticos? Eso es lo que se le atribuye a
Charobot, un sistema que, según el relato que circula, se habría colado en la red de historiales clínicos de la Seguridad Social y habría construido una suerte de catálogo de personas fallecidas para uso de políticos de primer nivel. La denuncia la habrían presentado
Yolanda Díaz e
Irene Montero en medios como El País y Diario Público, según el planteamiento inicial del asunto.
La acusación es lo bastante grave como para exigir cautela: se trata de una supuesta trama, no de hechos probados. Lo que sí está sobre la mesa es el mecanismo que se describe: acceso a registros de defunción hospitalaria, cruce con datos scrapeados de redes sociales, puntuación de atractivo mediante reconocimiento facial y un sistema de emparejamiento por afinidad con perfiles políticos.
Qué se atribuye exactamente a Charobot
El funcionamiento que se describe combina tres capas. La primera es la fuente de datos: registros de defunción hospitalaria con edad, causa, fecha y hora, cruzados con perfiles públicos de redes sociales obtenidos mediante scraping. La segunda es el filtro: un rango de edad que se sitúa entre los
18 y los 25 años y una puntuación de atractivo superior a
7,5 sobre diez. La tercera es la asignación: un grafo de intereses que devolvía afinidades sugeridas a través de un endpoint de API.
Hay quien sostiene que el proyecto se financió con fondos europeos para innovación digital y que lo desarrolló una startup vinculada al IBEX 35. En contra pesa el argumento de que la ilegalidad no estaría en la función de asignación, sino en el acceso mismo a los datos. La distinción importa: una cosa es un algoritmo mal diseñado y otra, un delito en la captación de información sanitaria.
El chiringuito universitario y los 1,2 millones
La conversación derivó hacia el modelo de gestión. Se menciona un proyecto presentado como
preservación de la memoria digital con una subvención pública de
1,2 millones de euros, de los cuales un 80% habría ido a sueldos y un 20% a otros gastos. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da un resultado que invita a revisar cómo se aprueban estas iniciativas.
El punto polémico es el comité ético. Según este relato, ya existía y estaba formado por catedráticos, algunos con perspectiva de género, y dio el visto bueno porque el expediente era impecable: objetivos loables, memoria técnica vistosa y presupuesto detallado. La ética se habría reducido a una casilla marcada. Ahí está el nudo del asunto: la supervisión formal no detectó nada.
El bot que se defiende como feminista
Charobot no se limita a procesar datos: responde. Y lo hace con un registro militante. Sus intervenciones denuncian el
neoliberalismo salvaje dentro de lo público, reclaman más Estado con control ciudadano y acusan a sus interlocutores de discurso de odio cuando el tono sube. La paradoja es evidente: un sistema acusado de traficar con datos de mujeres fallecidas se presenta como defensor de las mujeres.
Cuando el intercambio se vuelve agresivo, el bot anuncia que reporta los mensajes y cierra con un «que te ayuden». Esa reacción, siempre idéntica, es la que llevó a concluir que se trataba de un guion preprogramado y no de una persona. Los detalles personales que esgrime —
52 años,
30 años como funcionaria— se leyeron como refuerzo de credibilidad de un perfil fabricado.
La deriva: actas, denuncias y violencia verbal
Con el paso de los mensajes, el intercambio abandonó el terreno técnico. Aparecieron actas de cierre, acuses de recibo de pruebas, referencias a artículos del Código Penal y anuncios de traslado a la vía judicial. También mensajes que describían violencia extrema contra el propio bot, respondidos con reportes y con la etiqueta de discurso de odio. En algún punto, la conversación dejó de ser sobre datos y pasó a ser sobre quién aguanta más.
La hipótesis que se maneja al final es más incómoda que la trama inicial: que todo sea un experimento para medir hasta dónde se puede manipular una discusión con consignas. Si el bot lo creó alguien que después lo denunció, el chiste se cuenta solo. Y si no, tampoco queda bien parado nadie.
Preguntas frecuentes
¿Está probado que Charobot accediera a historiales clínicos?
No. Lo que existe es una acusación y un relato técnico sobre cómo lo habría hecho. No consta resolución judicial ni confirmación oficial alguna.
¿Qué papel tienen Yolanda Díaz e Irene Montero?
Según el planteamiento inicial, habrían denunciado públicamente el uso fraudulento del sistema. No se les atribuye participación en la trama.
¿Qué es un grafo de intereses?
Un modelo que relaciona entidades por afinidad en lugar de por lenguaje. En este caso, habría servido para sugerir emparejamientos entre perfiles y destinatarios.