La exministra Ana Palacio, señalada por sus vínculos con Marruecos
La exministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio, prima del periodista Hermann Tertsch, vuelve a estar en el punto de mira. Una serie documental sobre los fosfatos de Bucraa, en el Sáhara Occidental, y un mensaje reciente en redes sociales sobre Ceuta y Melilla han reabierto la pregunta: ¿trabaja Palacio para Marruecos?
El rastro de los fosfatos de Bucraa
El expediente, dividido en cuatro partes, conecta a la exministra con los fosfatos de Bucraa, la antigua explotación española en el Sáhara gestionada hoy por el operador marroquí del fosfato. El material repasa décadas de contratos, nombramientos y relaciones políticas. Los documentos no prueban por sí solos un empleo, pero dibujan una red de intereses difícil de ignorar.
Hay quien sostiene que Palacio es “la mejor voz de su amo” y que tanto ella como su primo han resuelto bien su vida eligiendo la patria correcta. En el lado contrario, el recurso a la descalificación personal desactiva la crítica: la acusación de “trabajar para Marruecos” se queda en sospecha sin resolución judicial.
Ceuta, Melilla y la geometría de los intereses
El debate se aviva con un tuit reciente que reclamaba negociar la soberanía de Ceuta y Melilla con Marruecos. Para algunos analistas, la propuesta no es ingenua: encaja con el patrón de ex altos cargos españoles sentados en consejos de administración de empresas con intereses en Marruecos. Es la misma dinámica que llevó a Alemania a abandonar la energía nuclear por el gas ruso.
Lo que nadie ha desmentido hasta ahora es la existencia de esos documentos. El cruce entre diplomacia y negocios privados sigue alimentando la sospecha. Lo que no está resuelto es si la conexión marroquí de Palacio es un hecho o una operación de humo.