Ceuta, Melilla y el fantasma de Canarias: el coste de una hipótesis
¿Qué haría usted si un día lee que el Gobierno ha cedido Ceuta y Melilla a Marruecos y ha abierto la puerta a Canarias? La pregunta, más propia de un ejercicio de geoestrategia que de una tertulia, divide las respuestas en dos bloques: quien considera las plazas norteafricanas prescindibles y quien pone por delante la Constitución.
El artículo 8 de la Constitución Española es el cortafuegos: las Fuerzas Armadas existen para garantizar la soberanía y la integridad territorial. Sobre el papel. La práctica, apuntan los análisis, es que el Ejército no aparece por ninguna parte.
Un precedente llamado Sáhara Occidental
El debate no es nuevo. El Sáhara Occidental ya vivió hace medio siglo una ocupación que el documental Ocupación S.A. retrata como una cadena de silencios: empresarios y políticos implicados en la explotación económica de la última colonia africana. La moraleja es incómoda: ceder territorio no cierra el conflicto, lo convierte en negocio.
En lo económico, los escenarios se mueven entre la ruina y la delincuencia, sin cifras que los sostengan. Lo único cuantificable es la demografía: una corriente pronostica que el 70% de la población respaldaría el cambio de soberanía, y que en 30 años gobernaría un partido islámico. La ironía final: el mismo artículo 8 que debería blindar las fronteras no puede blindarse a sí mismo. Nadie ha explicado aún cómo se defiende un país que no cree en su propia defensa.