Epstein, Aznar y el 11-M: los hilos que no se investigaron
En mayo de 2004, dos meses después de los atentados del 11-M, Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell enviaron un paquete FedEx al "Presidente Aznar" a la sede de la Fundación FAES en Madrid. Un año antes, en septiembre de 2003, otro envío similar había llegado a La Moncloa, dirigido a "Presidente y Ana Aznar". El entorno de Aznar asegura no conocer a Epstein ni saber el contenido de esos paquetes. Pero el rastro documental existe, y forma parte de un rompecabezas que conecta al financiero convicto con el 11-M, el rey Mohamed VI de Marruecos, la administración Bush y el Mossad.
Los envíos FedEx: ¿mera coincidencia o pista?
Los recibos de FedEx, fechados en septiembre de 2003 y mayo de 2004, sitúan a Epstein en el círculo del expresidente español en momentos clave: antes y después del mayor atentado en Europa desde el 11-S. El envío de 2004, en particular, llega cuando Aznar ya ha dejado la Moncloa y preside FAES. La empresa FedEx, cuyo fundador Frederick W. Smith mantenía estrechos vínculos con el establishment, ha sido acusada recientemente de transportar material militar a Israel para su uso en Gaza. La coincidencia no pasa inadvertida para quienes investigan las redes de poder que movieron los hilos tras la masacre.
11-M: la guerra no declarada y la rendición
El 11-M bien pudo ser una bomba atómica terrorista que acabó con una guerra –declarada por unos y no reconocida por otros– que llevaba décadas enquistada. Tras los atentados, España se rindió. De hecho, muchas agencias internacionales no catalogan el 11-M como atentado islamista en sus compilaciones. La tesis de la autoría externa (con servicios secretos marroquíes, franceses, el Mossad y el deep state estadounidense) choca con la versión oficial, pero los documentos y testimonios filtrados mantienen viva la sospecha. La responsabilidad del Estado, en manos de Aznar y luego de Rajoy, fue no investigar a fondo. Las operaciones irregulares de financiación del PP en Madrid y la Fundación FAES (con 1,3 millones de euros desviados) salpican aún más el escenario.
La otra bomba: 500 kilos de explosivos de ETA
Apenas dos semanas antes del 11-M, el 29 de febrero de 2004, la Guardia Civil interceptó en Cuenca una furgoneta con más de 500 kilos de explosivos, operación que el ministro Acebes atribuyó a ETA. La coincidencia temporal alimenta la teoría de que hubo una operación de distracción o una convergencia de intereses. Los documentos desclasificados del 11-M, según se ha señalado, podrían contener una tercera parte de la información aún oculta, lo que impide conocer la verdad completa.
Lo que el debate deja claro es que los vínculos entre Epstein, Aznar, Bush e Israel no son casuales, pero la falta de una investigación independiente y la opacidad de los archivos convierten cualquier conclusión en mera especulación. Mientras tanto, las preguntas siguen abiertas: ¿qué contenían esos paquetes? ¿Por qué nadie en el gobierno quiso saber la verdad? La historia, como el mito de la caverna, solo muestra sombras.
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