Coches con nombres que el español convierte en un chiste
Pedir en un concesionario un Nissan Moco exige autocontrol al vendedor y al cliente. El nombre del kei car japonés, que significa literalmente «secreción nasal», es solo la punta de una lista de modelos cuyo bautizo no cruzó bien las fronteras.
De Málaga a Grecia: cuando el mismo nombre significa otra cosa
La lista de desplantes lingüísticos es larga. El famoso todoterreno de Mitsubishi se vendió en el mundo hispanohablante como Montero, precisamente porque el nombre original resultaba inconfundiblemente malsonante; el Ford Corrida remite en España a un doble sentido que nadie en Detroit previó; el Seat Málaga recuerda a un insulto griego; el Toyota Isis se convirtió en un problema cuando las siglas del Estado Islámico ensuciaron la marca; y el Lexus LFA, cuya lectura en español produce un término que no hacía falta que los ingenieros japoneses conocieran.
Hay más: el Hyundai Kona tuvo que llamarse Kauai en Portugal, y no por motivos de traducción sino de fonética. Y también hay nombres que no conviene reproducir aquí, porque en castellano son un insulto directo o un improperio de dos palabras. Suficiente con saber que la lista existe y que algún responsable de marketing debería haber consultado un diccionario antes de aprobar el presupuesto.
Chevrolet Nova: la leyenda que no remite
El caso más citado sigue siendo el Chevrolet Nova. La lectura española «no va» se convirtió en la explicación perfecta para un presunto fracaso comercial. Los historiadores matizan que las ventas en Latinoamérica no fueron tan malas, pero la anécdota ya forma parte del folklore automovilístico.
La moraleja es simple: si va a poner nombre a un coche, pruebe antes cómo suena en todos los idiomas del mercado. O acabe vendiendo un SUV llamado Moco con una sonrisa de oreja a oreja. Que es exactamente lo que pasa ahora.