EEUU avisó al CNI del peligro en Ceuta y el Gobierno negó el aviso
¿Sabía el Gobierno español que la inteligencia estadounidense había alertado de una concentración inusual de migrantes en la frontera de Ceuta? La filtración del programa Código 10 sugiere que sí, y que el aviso llegó con antelación al CNI. La respuesta de Moncloa, mientras se escribe esto, es el silencio.
El contenido del aviso de Washington
El programa Código 10, emitido en La Cuatro, desveló que los servicios de inteligencia de EE.UU detectaron un flujo migratorio inusual en Ceuta y avisaron a la inteligencia española. En la cadena, el periodista Carlos Cuesta sentenció: «Lo sabía el CNI, lo sabía la policía, lo sabía Vivas». La referencia al presidente de la ciudad autónoma, Juan Vivas, añade un nivel más: la información no llegó solo a los servicios de inteligencia, sino a la máxima autoridad local. De ser cierto, el relato oficial de que el Gobierno desconocía el evento se cae por el peso de la evidencia.
La interpretación política: ¿caza de Sánchez o cumplimiento de protocolo?
La filtración ha avivado la teoría de que existe un plan orquestado para cambiar el ciclo político. La idea es que ya se habría amortizado a Pedro Sánchez y el tablero apuntaría a Alberto Núñez Feijóo. La lógica del divide et impera, con los medios de comunicación alineados, aparecería como el telón de fondo.
Pero no todos lo ven así. Hay quien sostiene que la advertencia de Washington fue testimonial, una mera formalidad para cumplir los acuerdos de inteligencia, sin intención estratégica. En esa lectura, EEUU no tiene ningún interés en que Ceuta o Melilla pasen a control marroquí: su socio en la zona debe ser España. De hecho, se apunta a que la inversión de 500 millones de dólares en las bases de Rota y Morón demuestra un interés a largo plazo por la estabilidad española.
En el centro, Marruecos. La presión migratoria se interpreta como una herramienta para arrancar concesiones a un gobierno «extremadamente débil», tocándose temas como el Sáhara o Argelia. La capacidad de Rabat para movilizar en una tarde a cien mil personas a pocos kilómetros de la frontera juega a favor de esa tesis. Y la respuesta del Ejecutivo, de momento, es la queja y la defensa de que no había forma de preverlo.
Con una advertencia que nadie parece haber digerido, la lógica apuntaría a una revisión completa de la política exterior española. Pero cuando el aviso viene de Washington, se convierte en un problema de comunicación. En España, hasta las amenazas geopolíticas se gestionan con nota de prensa. Menudo negocio.