El cociente intelectual por comunidades: un espejismo de PISA
España entera tiene un cociente intelectual medio superior a 100. O eso dice un mapa que circula por redes sociales y que atribuye a cada comunidad autónoma una puntuación de CI con escalofriante precisión. El único problema es que a nadie se le ha pasado un test de inteligencia, ni colectiva ni individualmente. El dato es atractivo, sí, pero su origen es bastante más prosaico.
La clave de todo aparece en una observación técnica: la columna de supuestos CI son las puntuaciones regionales del informe PISA de 2015 reescaladas a una métrica tipo CI con media 100 y desviación 15. Es decir, alguien convirtió los resultados de matemáticas, ciencias y lectura de estudiantes de 15 años en una escala de inteligencia. La diferencia entre evaluar competencias académicas y medir cociente intelectual es enorme, y aquí se ha saltado sin pudor.
Los errores internos del mapa
No contento con el disfraz, el mapa contiene contradicciones internas. La clasificación no se corresponde con la leyenda, Andalucía aparece con un índice en la tabla y otro en el gráfico, y la imagen ha sido calificada, con razón, de simple publicidad de Twitter. Cuando una herramienta estadística se contradice a sí misma, el escepticismo está más que justificado. Y no faltan quienes sospechan que todo es un cebo para medir la reacción de los incautos.
Qué dice PISA de verdad
Pese al ruido, el debate destapa una realidad incómoda: el rendimiento educativo varía significativamente entre comunidades. Castilla y León, Asturias y Cantabria lideran sistemáticamente los índices de PISA en España y se sitúan por encima de la media de la OCDE. Otras regiones quedan más cerca o por debajo de la media nacional, y los factores socioeconómicos, la inversión educativa y el contexto cultural explican buena parte de la brecha. Lo que no explica nadie es que esos resultados sean una medida de la inteligencia innata de sus habitantes.
El debate de fondo: inteligencia, territorio y demografía
Un sector del análisis sostiene que las diferencias cognitivas, de existir, dependen del entorno y no de la geografía. El propio concepto de CI aplicado a un territorio choca con un hecho elemental: no hay pruebas oficiales que midan el cociente intelectual de la población por comunidades, y el CI es un atributo individual. Aun así, la conversación deriva hacia la demografía; se argumenta que los cambios en la composición de la población pueden alterar las medias, una afirmación que carece de respaldo oficial. Es un terreno donde la ideología corre más rápido que la evidencia.
Lo más llamativo del episodio no es el mapa, sino la facilidad con la que una imagen con números convence. Si el dato es falso, ¿qué estamos discutiendo realmente? ¿La inteligencia de los españoles o la calidad de su sistema educativo? Quizá la pregunta correcta no sea cuánto CI tiene cada comunidad, sino por qué necesitamos creer que lo tiene.