Esto va a ser competencia desleal, como los prostíbulos del suegro de Pedro Saunas que pagaban un alquiler ridículo al Muface y podían ofertar cosita asequibles.
El primer elemento que puede permitir reducir los costes es precisamente el que diferencia a este establecimiento de un comercio convencional: el local. Si el Ayuntamiento proporciona un espacio de titularidad pública, el operador no afronta un alquiler equivalente al de un establecimiento privado. También puede existir una estructura de gestión diferente y, eventualmente, algún tipo de apoyo público.
Eso significa que una parte de la reducción del precio puede proceder de unos costes que el comercio convencional sí tiene que asumir. «Si utiliza un local público, ya te ahorras el alquiler», señala Nolla. Y si existe una subvención, añade, la diferencia tampoco desaparece: «Técnicamente ya lo estamos pagando».