Comer bien gastando solo 90 euros al mes en comida

Cacerola grande de legumbres y tarteros apilados sobre una mesa, imagen de una dieta mensual de bajo coste
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El menú de 90 euros al mes que se queda sin fruta ni pescado​

En junio de 2015, un cálculo doméstico puso una cifra sobre la mesa: 90 euros al mes para desayuno, comida y cena. El método era industrial: cocer legumbre en cacerolas grandes y repartirla en tarteros para todo el mes. La lista incluía un kilo de sal, cinco litros de aceite y una cerveza que salía carísima precisamente porque se fabricaba en casa. También el agua, embotellada, porque la del grifo «tiene demasiado cloro».

La cifra aguanta mal el escrutinio. Cualquiera que haya mirado el ticket sabe que tres euros diarios para tres comidas dejan poco margen a la proteína animal, la fruta fresca y el pescado. Y ahí dejó de ser una hoja de cálculo para convertirse en una discusión sobre qué significa comer bien.

¿Qué entra en un mes de comida por 90 euros?​

El menú base es de una austeridad casi monacal. Legumbre a granel, pan, y un desayuno que se repite: 400 gramos de embutido y un kilo de pan repartidos por el mes, con chorizo y salchón de marca blanca como protagonistas. Nada de pasta. Fruta contada. Verdura, poca.

Sobre ese esqueleto se fueron añadiendo piezas tras las primeras críticas: atún de lata, boquerones, espárragos, frutos secos y mandarinas. Un kilo de sal y cinco litros de aceite que, según el propio cálculo, no se gastan en un mes ni de lejos. El autor del cómputo defiende que los hidratos elegidos son de índice glucémico bajo salvo el pan y el arroz, y que el desayuno solo lo toma cuando prevé esfuerzo físico. Hay quien responde con sorna que, con ese criterio, también podría saltarse la cena.
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¿Se puede sustituir la carne por legumbres?​

No del todo, y ese es el punto donde el debate se pone interesante. Las proteínas de las legumbres no reúnen por sí solas todos los aminoácidos, así que hay que combinarlas mirando el perfil de cada una: lentejas con arroz, garbanzos con arroz, judías entre ellas. La referencia vegetariana clásica. Quien sostiene que la legumbre sustituye a la carne sin más se queda a medias.

Los frutos secos entran en esa misma corrección. Cacahuetes fuera; mejor nueces, almendras, avellanas y pistachos, más caros pero con grasas sanas y fibra. Un puñado al día basta. Y para el calcio, un apaño barato: brócoli al vapor cinco minutos como guarnición, aunque sin vitamina D no se asimila, de modo que toca sol.

Pan, embutido y aceite: las calorías que salen baratas​

La crítica más repetida no va de dinero, va de composición. Demasiado hidrato, demasiado aceite y un embutido barato que suele tener más grasa que carne. Falta pescado. Falta fruta. Y sobra sal: un kilo al mes es una barbaridad para cualquier estómago.

El contraargumento es de mercado: sardinas y boquerones son baratísimos, igual que una rodaja de pescado fresco pesa más en la dieta que una lata. Sobre el atún en conserva hay división: para unos cuenta como pescado; para otros lleva sodio en cantidades industriales. El boquerón marinado, pregunta que quedó sin respuesta clara, sirve de ejemplo de lo resbaladizo del terreno.
Cocinar en casa también cuesta: gas, agua y luz

El coste que no aparece en la lista: gas, agua y energía​

Cocinar legumbre en grandes cantidades parece gratis y no lo es. Con una bombona de 12 euros se hacen casi dos meses de pucheros, aunque otro dato apunta a 17,50 euros la última recarga. El que cocina en vitrocerámica paga otra cosa. La cocina de cuchara exige tiempo y energía, y a veces la energía cuesta más que el guiso.

El agua es la partida más fácil de recortar y la más discutida. Beber del grifo 23 días y comprar botella solo 7 ahorra dinero, pero la objeción del cloro desactiva el argumento. En la cerveza el ahorro es más limpio: 0,24 euros la lata de marca blanca sale a 4,8 euros al mes frente a los diez habituales, o sea 120 euros al año.

Del plátano de 2 euros al de 0,79: la compra, precio a precio​

El kilo de plátanos marcado a 2 euros se cae en cuanto se compara. En algunas cadenas está a 1,25, y los jueves baja a 0,99 e incluso a 0,79. Medio kilo de zanahorias a 1,20 euros tampoco cuadra cuando la bolsa de kilo ronda los 0,60 y en oferta ha llegado a 0,39. Mirar la oferta semanal sigue siendo el mayor ahorro disponible.


Cuando el menú deja de ser el problema​

Pasadas las primeras respuestas, la conversación se fue a otro sitio. Del colesterol total al detalle de que el HDL es el bueno y el LDL el malo —una confusión corregida al vuelo—, de los huevos con bacon a la paradoja francesa, de los esquimales a las dietas vegetarianas y su supuesta relación con algunos cánceres. Unos defienden menos producto animal; otros recuerdan que la esperanza de vida depende de tabaco, sedentarismo y ambiente.

En medio de todo eso, el presupuesto de 90 euros quedó huérfano. Nadie volvió a discutir la aritmética. El punto exacto donde el análisis se atasca no es cuánto cuesta llenar la nevera, sino cuánto de lo que se renuncia a comprar vuelve como factura sanitaria años después. Y eso, con tickets o sin ellos, sigue sin respuesta.
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