Azerbaiyán se queda Artsaj y Europa se queda con el gas
Desde el domingo,
40.000 civiles armenios han salido de Nagorno Karabaj hacia Armenia, según las cifras difundidas por Armenia. La ofensiva lanzada por Azerbaiyán sobre el territorio de Artsaj no ha necesitado una guerra larga: en cuestión de días ha convertido a una población de
120.000 habitantes en un problema de refugiados, ha dejado uno o dos sistemas de
defensa armenios destruidos, según los vídeos que circulan en el hilo, y ha puesto fecha al final. La república se disuelve y el proceso de anexión se completará el
1 de enero de 2024.
Qué es Artsaj y por qué se disuelve ahora
De iure, Artsaj es territorio azerí. También lo era Nagorno Karabaj, el territorio autónomo que la URSS dejó dentro de la república soviética de Azerbaiyán y que nunca llegó a unirse a Armenia. Esa es la base jurídica que esgrime quien sostiene que Bakú ha operado dentro de sus fronteras y que disolver la república es legal. Enfrente está el otro dato, el histórico: una población armenia asentada allí durante milenios, los pogromos contra los armenios denunciados en los años noventa y una independencia de facto que nadie reconoció.
La discusión jurídica tiene su utilidad y su trampa. Sirve para explicar por qué no hay base legal para una intervención europea, como recuerdan quienes conocen la historia armenia y aun así se declaran proarmenios. Y sirve, sobre todo, de coartada: el derecho internacional no impide juzgar aparte el trato dado a los prisioneros ni el vaciamiento de un territorio entero. Ahí es donde el expediente deja de ser limpio. Se argumenta que lo que está en marcha es una limpieza étnica; se responde que no hay coacción probada y que se trata de un desplazamiento por incompatibilidad histórica.
El gas azerí que explica el silencio europeo
Azerbaiyán tiene gas y la Unión Europea está muy interesada en él. Esa es la explicación más repetida del mutismo institucional: Bruselas se limita al «
deeply concerned» de manual, y hay quien recuerda que con Ucrania se reclamaron condenas públicas, sanciones y acogida de refugiados, mientras que aquí solo queda el comunicado. «En Armenia hay poco que trincar», resume un forero, y no hace falta un máster en geopolítica para entender la asimetría.
El episodio que mejor retrata el momento es la visita de
Samantha Power a la región justo mientras se producía la salida masiva. Preguntada por si hay limpieza étnica, esquivó la cuestión. Lo que sí anunció Washington fue una partida de
11,4 millones de dólares en ayuda humanitaria para los civiles armenios. Hay quien lo resume con sarcasmo: ese es el precio de la traición. Y hay quien va más allá y recuerda que el gobierno armenio lleva meses acercándose a la órbita atlántica mientras su seguridad dependía de otro garante. Las consecuencias se ven ahora.
Rusia, garante ausente y el corredor que viene después
Rusia se había proclamado garante de la paz en la zona y no ha movido un dedo. El argumento que circula es que Moscú avisó con tiempo de que no iba a defender lo que el propio gobierno armenio no defendía, ni a hacerse pasar por su ejército. Según se señala en el hilo, el corredor de Lachín, la única vía de conexión con Armenia, llevaba cortado desde antes, y con el cordón cortado el desenlace era cuestión de aritmética.
La siguiente pieza del tablero tiene nombre: el corredor de Zangezur, que para Ereván es la provincia de Syunik, la franja más al sur de Armenia que separa el enclave de Najicheván del resto de Azerbaiyán. Todo el mundo daba por hecho que esa reclamación llegaría una vez Artsaj estuviera a tiro. Si Bakú la ejecuta, ya no hablamos de un territorio en disputa sino de una invasión de territorio armenio propiamente dicho. Y ahí la respuesta europea, previsiblemente, seguirá siendo el ruido de grillos.
¿Por qué Irán es la única pieza que puede mover el tablero?
Según el análisis que se repite en el hilo, Irán no ha movido un dedo por Artsaj y ha dejado claro que no lo hará. Su línea roja es otra: si se ataca el territorio soberano armenio, entra. El motivo es económico antes que religioso o identitario. El sur de Armenia es hoy su única vía terrestre hacia los mercados ruso y europeo; quedarse quieto sería dejar ese acceso en manos de Turquía, que es quien mueve los hilos por detrás. Con el arsenal de misiles del que dispone, Irán podría arrasar en una tarde la industria gasística y petrolera azerí y arruinar de facto al régimen de Bakú. Nadie en la región lo ignora.
A eso se añade otro factor: la minoría azerí del norte de Irán y el juego de nervios en la frontera.
Hay quien recuerda que Armenia fue el primer país del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial. Y según el cálculo que se repite en el hilo, nueve millones de armenios viven repartidos por el mundo y solo tres millones dentro del país, con la juventud saliendo de allí.