ASML, el monopolio que fabrica las máquinas de todos los chips
En la guerra por la supremacía tecnológica, hay un nombre que aparece poco en los titulares y pesa más que cualquier fábrica de chips: ASML. Esta empresa holandesa es el único fabricante del mundo capaz de producir las máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV) que permiten grabar circuitos de 2 nanómetros. Sin ellas, no hay procesadores para Nvidia, ni para Intel, ni para Apple. Todo pasa por una compañía de los Países Bajos.
La herencia de Philips en Eindhoven
La pregunta de cómo se llega a semejante monopolio tiene respuesta en la historia. Philips trabajó durante más de un siglo en semiconductores, imagen y electrónica, y de su entorno surgió ASML como una escisión. El ecosistema de Eindhoven, con universidades, centros de investigación y financiación, creó el caldo de cultivo perfecto. No en vano, la ciudad es hoy un clúster de empresas hipertecnológicas del sector. La propia Philips dejó inventos como el CD o el casete, y hasta un sello discográfico junto a Siemens. Ese ADN no se improvisa.
El eslabón crítico en la guerra con China
Si los chips avanzados son el petróleo del siglo XXI, ASML controla la refinería. Las máquinas de EUV son tan difíciles de fabricar que, aunque hay más de una docena de productores de litografía tradicional, solo los holandeses dominan la variedad ultravioleta extrema. Ese dominio tiene un precio geopolítico. Estados Unidos, con el argumento de la seguridad nacional, restringe la cantidad de máquinas que Holanda puede vender a China. Las aplicaciones militares son evidentes: desde misiles a sistemas de defensa. La presión se notó especialmente en el bloqueo a la división de telecomunicaciones de Huawei.
¿Puede China cerrar la brecha?
El plan chino es claro: desarrollar su propia litografía EUV. En 2019 ya circularon informaciones de que habían copiado la maquinaria, aunque sin confirmación pública. La previsión para 2024 era disponer de varias instalaciones propias. Pero el obstáculo no es solo hacer la máquina; requiere una cadena de suministro global, componentes que dependen de Estados Unidos y un servicio posventa que ni los propios chinos se fían de su producción. Hay quien recuerda que ASML tampoco es una empresa modélica con su personal: un ingeniero que pidió 120.000 euros más bonus asegura que la respuesta fue una carcajada.
El monopolio de ASML parece inexpugnable, pero la historia económica está llena de cuellos de botella que acabaron siendo saltados. China lo intenta, con mayor o menor fortuna. Mientras tanto, la factura de los chips más avanzados del mundo sigue pasando por una esquina de los Países Bajos.