Cuando el dinero valía por su peso y luego dejó de valer
¿Desde cuándo una moneda vale lo que dice su cara y no lo que pesa? La respuesta de la historia monetaria resulta incómoda: las primeras monedas, las segundas y las terceras valían exactamente el metal que contenían. Esa lógica funcionó hasta mediados del siglo XVIII. En 1933, Estados Unidos prohibió las monedas de oro de curso legal y cerró la era del dinero metálico.
El denario romano, el primer caso de devaluación documentado
El ejemplo clásico es el denario. En el siglo I era
plata casi pura; en el siglo III apenas conservaba un 5% de plata. Su valor nominal, sin embargo, seguía siendo el mismo. El resultado fue una inflación del copón y una crisis económica que contribuyó a la caída de Roma. No fue el único factor, pero nadie sensato lo descarta.
La misma receta se repitió con el papel moneda. Fueron los chinos los primeros en usarlo, y los gobernantes mongoles los primeros en abusar de la imprenta, generando una inflación espantosa.
Monedas a martillazos y otras leyendas
Antes de la acuñación industrial, las monedas se hacían a martillazos, un oficio ruidoso que la tradición popular imaginó en fraguas infernales. La técnica cambió, pero la materia siguió siendo la misma: metal valioso. Hasta que alguien descubrió que bastaba con reducir la plata para quedarse con la diferencia.
La historia del dinero es la historia de esa tentación. Por eso, cuando alguien echa de menos las "monedas de verdad", no se equivoca del todo: las de verdad dejaron de existir hace bastante tiempo. Las de ahora son otra cosa, y cada uno que saque sus conclusiones.