Los baterías de Ornette Coleman: más que Ed Blackwell y Billy Higgins
La pregunta es simple: ¿cómo se llama el batería de Ornette Coleman? La respuesta, sin embargo, tiene matices. Ed Blackwell es el nombre que suele venir a la cabeza, pero el saxofonista revolucionario del free jazz trabajó con varios bateristas a lo largo de su carrera. El debate en torno a esta cuestión ha trascendido lo meramente discográfico para adentrarse en conexiones insospechadas con bandas como The Smile, de Thom Yorke, o el cine de Jim Jarmusch. ¿Simple casualidad o patrón oculto?
Los hombres detrás de la batería
Ornette Coleman no tuvo un único batería de referencia. Billy Higgins tocó en los álbumes fundacionales como "The Shape of Jazz to Come" (1959) y "Change of the Century" (1960). Su estilo, heredero del hard bop de Lee Morgan, aportaba un swing elástico y continuo. Ed Blackwell lo sustituyó a partir de "This Is Our Music" (1960) y "Ornette!" (1961), introduciendo un pulso más seco y percusivo, con raíces en los ritmos de Nueva Orleans y africanos. La diferencia se oye: Higgins redobla con fluidez; Blackwell golpea con precisión quirúrgica.
Posteriormente, otros bateristas ocuparon el banquillo: Charles Moffett, Denardo Coleman (hijo del músico), y alguno más. Cada uno dejó su huella en la discografía del saxofonista, que abarca desde el free más radical hasta incursiones en la harmolodía.
Conexiones conspirativas: de The Smile a Jim Jarmusch
Lo curioso del hilo que ha generado el debate es que no se quedó en la anécdota biográfica. Algunos participantes enlazaron a Ed Blackwell con Chris Blackwell, fundador de Island Records, y de ahí saltaron al grupo The Smile, el proyecto paralelo de Thom Yorke. La pregunta era: ¿por qué The Smile suena tan bien comparado con Radiohead? La respuesta, según el razonamiento conspirativo, estaría en una conexión oculta con los mismos apellidos que pueblan la historia del jazz. Jim Jarmusch, el director de cine, también apareció en la ecuación, como eslabón de una cadena que une el free jazz con la cultura indie.
El fondo del asunto: afición o paranoia
Más allá de la veracidad de estas conexiones, el intercambio revela cómo una comunidad de oyentes apasionados tiende a buscar patrones donde el oído común solo escucha casualidad. La discusión sobre los baterías de Ornette Coleman se convirtió en una excusa para explorar sellos discográficos, estilos de percusión y hasta el repertorio del sello Cuneiform, especializado en rock de vanguardia. Al final, lo que importa no es tanto el nombre exacto del batería, sino la red de influencias y referencias que un músico puede tejer a lo largo de generaciones.
El lector que llegue hasta aquí habrá aprendido que tras la pregunta aparentemente simple hay toda una constelación de nombres y estilos. Y, si decide indagar más allá, se encontrará con debates que, aunque rocen la conspiración, revelan un conocimiento musical que pocos medios abordan con tanta profundidad.