España: paro duplica la media de la OCDE y salarios a la cola del desarrollo
¿Se puede estar en los dos extremos a la vez? España lo ha logrado: lidera el desempleo entre los países desarrollados y, al mismo tiempo, los salarios son de los que menos avanzan. La OCDE lo certifica con un informe que sitúa la tasa de paro española en el doble de la media del club de países ricos, mientras que los sueldos figuran entre los que más se han estancado desde 2021. No es para echar cohetes.
Los datos que duelen
El organismo internacional no deja lugar a dudas: España es el farolillo rojo en creación de empleo de calidad. La tasa de paro duplica la media de la OCDE, y los salarios reales han perdido poder adquisitivo en los últimos años. Mientras el Gobierno presume de récord de afiliados y de un crecimiento del PIB superior a la media europea, la letra pequeña revela que gran parte de ese empleo es público o precario. De hecho, la reducción del paro se explica en un 50% por el aumento de la plantilla estatal y por lo que algunos llaman "maquillaje estadístico" –como contar a los fijos discontinuos inactivos como ocupados.
Un modelo económico de saldo
El diagnóstico sobre las causas del mal endémico tiene varias corrientes. Una apunta al modelo productivo: turismo, función pública y subvenciones. La desindustrialización progresiva ha dejado a España sin sectores de alto valor añadido, y la economía se sostiene a base de camareros, funcionarios y lo que se ha dado en llamar "chiringuitos de género, igualdad y resiliencia". La especulación inmobiliaria no ayuda. Otro análisis señala a la inmigración como un ejército de reserva que mantiene los salarios a raya, una estrategia que, según algunos, el sistema necesita para sostener un paro estructural del 15%.
La paradoja del SMI y la productividad
El Salario Mínimo Interprofesional ha subido un 70% desde 2018, pero el salario medio apenas se resiente. La explicación que circula es que el SMI ha tirado hacia arriba de las nóminas más bajas, pero la mayoría de los trabajadores sigue anclada en el entorno de los 1.000-1.200 euros. La productividad no termina de despegar, y las empresas compiten a base de subvenciones y contratos temporales. Mientras tanto, el coste de la vida se come cualquier mejora: un usuario anónimo relataba que con dos nóminas de 1.000 y 1.400 euros, tras pagar suministros y alimentos, apenas quedan 300 euros. Y eso sin hipoteca. La pregunta es: ¿cómo vive el que la tiene?
El espejismo del empleo público
Se ha comparado a España con Paraguay en cuanto a proporción de empleados públicos: aquí rondan el 15-17% de los ocupados, frente al 42,6% del país sudamericano. Pero el debate no es tanto el tamaño sino la calidad: se argumenta que el empleo público español está sobredimensionado en términos de privilegios frente al privado, y que muchos puestos son poco productivos. La ironía es que unos defienden que la solución pasa por más Estado, y otros, por menos.
¿País desarrollado o subdesarrollado?
El hilo deja una sensación agridulce. Con estos mimbres, el milagro económico español consiste en que sigamos llamándonos país desarrollado sin que nadie se ría. O quizá sí, pero la risa se ahoga en la cuenta atrás de los próximos datos de paro.