Operación bikini: mucho postureo y poca playa real
¿Cómo va la operación bikini para este verano? La respuesta honesta, a juzgar por lo que se cuenta cuando nadie mira, es que va regular. El punto de partida lo marcó alguien que se declaraba listo para «seducir a las babies» y recibió de vuelta un rapapolvo por el corte de pelo. A partir de ahí, el asunto derivó hacia lo de siempre: barrigas, tetas, venas y excusas.
Lo primero que salta es la contradicción entre el discurso y la práctica.
Hay quien admite llevar dos meses yendo a la playa y estar tan moreno que las de Cruz Roja le bailan twerking, y hay quien sentencia que en este país no pisa la arena nadie salvo cuando le obligan las circunstancias familiares. El verano se vive más en el relato que en la toalla.
Cuánto se tarda en lucir cuerpo según cada cual
Las cifras que se manejan son de risa, y no por modestia. Un participante asegura haber perdido
170 kilos y aspirar a otros 170 para alcanzar cierto físico televisivo. Otro presume de que entrena dos días media hora y ya está marcado, que nunca tiene grasa y que come más de lo normal sin engordar. Frente a eso, la mayoría reconoce que el verano le ha llegado de golpe y sin tiempo para prepararse.
El cálculo más repetido no es de calorías, sino de barriga.
Uno confiesa que ha adelgazado de todo menos de huevos, y otro advierte que ningún hombre puede ser a la vez heterosexual y avergonzarse de tener barriga. La lógica es impecable y no sirve de consuelo.
La operación bikini también se hace en invierno
El hilo tiene su propio calendario. Cuando llega el calor, se abre la veda del odio a todo lo valioso, es decir, al verano, y entonces se descubre que la preparación física es una entelequia. La culpa, según la teoría más repetida, fue del arroz con amigos un sábado: no se bebe a diario, pero llega la comida y no hay freno.
También hay quien se marca objetivos que no son de báscula.
Uno se ha propuesto tener más tetas que su mujer y otro se ha comprado un bañador rosa que le queda ajustado y le marca el piercing. La operación bikini, en su versión masculina, admite todo tipo de metas.
Donar sangre, venas y otras excusas de vestuario
Entre consejo y consejo aparece la anécdota sanitaria. Alguien donó sangre en un autobús de Cruz Roja y salió con un brazo colgando tres días, incapaz de doblarlo, echándose café hirviendo encima con la mano izquierda. La conclusión fue tajante: nunca mais. Otro, en cambio, elogia las venas de una participante porque son magníficas para sacar sangre.
El nivel de exigencia estético se mide así, entre chascarrillos.
Un participante presume de ser de un blanco nuclear y de necesitar solo un castillo a lo Drácula para completar el pack. La playa, mientras tanto, sigue esperando.
Al final, la operación bikini de este verano se resuelve como todas: mucho postureo, algo de gimnasio y una barriga que no engaña a nadie. El que de verdad luzca cuerpo que tire la primera piedra.