Comprar por internet en 2009: chollos, falsificaciones y aduanas
Hace más de quince años, la compra online aún era terreno de pioneros. Mientras Amazon empezaba a despegar en España, los consumidores más avispados ya recorrían medio mundo virtual en busca de gangas. Electrónica a precio de saldo, ropa de marca a un tercio del coste en tienda y un problema recurrente: ¿cómo distinguir lo auténtico de lo falso?
Electrónica: el paraíso de los márgenes
DealExtreme, SimplyElectronics y las distintas Amazon europeas eran los destinos estrella para tecnología. Un ejemplo recurrente: una fuente de alimentación para portátil costaba 21 euros con gastos de envío en eBay, frente a los 50-80 euros que pedía cualquier tienda física en España. La tentación era evidente, pero no todo era color de rosa. "Ni se te ocurra comprar un pendrive en AliExpress", advertía un analista en referencia a la calidad dudosa y las falsificaciones que campaban a sus anchas.
Ropa: la frontera de las imitaciones
El principal punto ciego del comercio online era la ropa. Plataformas como iOffer ofrecían cazadoras The North Face por 120 euros, cuando en Barrabés valían 350. Pero la realidad, comprobada por más de uno, era que la imitación se notaba en los detalles: el forro serigrafiado desaparecía, el GoreTex resultaba ser un tejido cualquiera. "Si es para dar el pego, te la puedes comprar; si es para ir al Pirineo, no", resumía un veterano de la montaña. Para los que buscaban calidad a buen precio, Taobao se erigía como el santo grial, pero con dos peajes: un intermediario chino y la paciencia para traducir la página con Google Chrome en versión inglés.
El drama de la aduana y los márgenes de las ópticas
Uno de los debates más jugosos giraba en torno a la legalidad de importar falsificaciones. "Si te paran, debes decir que no lo sabías y renunciar a la mercancía", explicaba un participante con experiencia. Pero no todo era ilegal: las gafas graduadas online destaparon un escándalo. Una web como Optica Directa vendía gafas con cristales desde 15 euros, y una denuncia de la asociación de oftalmólogos dejó al descubierto que las tiendas físicas tenían márgenes del 500-600%. Unos Dockers que en tienda costaban 80 euros se vendían por 30 dólares en la web oficial estadounidense, aunque esta se negaba a enviar fuera de EE.UU. "Que hijos de puta", remataba el descubridor del chollazo.
El cambio de divisas y el fin de una era
A finales de la década de 2000, comprar en Amazon UK era el plan perfecto: la libra llegó a cambiarse a 0,93 euros. Pero la crisis y la política monetaria dieron la vuelta a la tortilla, y para 2011 la libra se había desplomado a 0,71 euros por euro, haciendo mucho más rentable Amazon Alemania. La geografía del ahorro cambiaba, pero el problema de fondo seguía siendo el mismo: la aduana. "Después de echarle un ojo, creo que me voy a animar a probarlo. Lo que me pregunto es si no habrá problemas en la aduana", escribía un novato. La respuesta, quince años después, sigue siendo ambigua.
Con estos diferenciales de precio, la migración hacia el e-commerce debería haber sido masiva. Lo fue, pero el rastro de falsificaciones, devoluciones y productos defectuosos dejó claro que el ahorro tenía un precio. Y no siempre en euros.
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