El bono de Goldman Sachs que promete un 6,35% hasta 2045: casi todo es riesgo de tipos, no de crédito
Un inversor particular detectó en su bróker un bono de Goldman Sachs con vencimiento en mayo de 2045, cupón del 5,15% y un rendimiento al vencimiento del 6,35% en dólares. La tentación era grande: aparcar liquidez a casi 20 años capturando ese cupón. Pero el análisis desglosado muestra que la mayor parte de esa rentabilidad no es una prima por el riesgo de que Goldman quiebre, sino por el riesgo de que los tipos de interés suban.
El 6,35% se explica por la duración, no por el banco
El bono a 2045 se ancla al bono del Tesoro estadounidense a 20 años, que en el momento de la discusión rondaba el 4,7%-5%. El diferencial que Goldman añade por su riesgo corporativo es de apenas un 1-1,5%. Es decir, más del 75% de la rentabilidad viene de la exposición a tipos largos, no de la solvencia del emisor. Como señalaba un análisis detallado, comprar este bono equivale a aceptar que te paguen por soportar 19 años de fluctuaciones en los tipos de interés. Si suben, el precio en el mercado secundario se desploma y quien quiera salir antes de 2045 sufre pérdidas de capital considerables.
El riesgo callable: una opción que juega en tu contra
Otro punto que suele pasar desapercibido es la cláusula de amortización anticipada (callable). Muchos bonos bancarios de largo plazo la incluyen. Si los tipos bajan, Goldman puede rescatar el bono al valor nominal, dejando al inversor sin el cupón alto justo cuando más valdría mantenerlo. Si los tipos suben, el inversor carga con la pérdida de precio mientras Goldman sigue pagando el cupón. Es una asimetría que beneficia al emisor.
Demasiado largo para un entorno de tipos inciertos
La conclusión de varios participantes del debate es clara: el plazo es excesivo para el contexto actual de tipos inciertos. Una subida sostenida de los tipos largos puede hacer sangrar el precio. Como ironizaba uno de ellos, “si los tipos suben, te joden vivo”. El bono no es un chollo: está valorado para que el comprador asuma el riesgo de duración que otros inversores no quieren. La pregunta que queda abierta: ¿merece la pena atarse 19 años por un diferencial tan modesto sobre el bono del Tesoro?