Inmigración en España: del mito franquista al poder del Estado
Durante el franquismo, España era un país de emigración: millones de españoles buscaron trabajo en Europa. Hoy, el discurso que añora esa época como un tiempo sin inmigración choca con la realidad histórica y con un debate que va más allá de los colores políticos. Detrás de la llegada masiva de extranjeros, algunos analistas señalan al propio Estado y al capital como impulsores del fenómeno, no a los "rojos" ni a los "fachas".
El espejismo de la España franquista
Quienes idealizan el franquismo como una época sin inmigración olvidan que la España de entonces expulsaba población. Los emigrantes españoles eran miles cada año. El contexto de pobreza y autarquía no atraía a extranjeros. Actualmente, el crecimiento económico (aunque desigual) y el Estado del bienestar son imanes migratorios. Sin embargo, el debate se centra en quién tiene la culpa: para unos, la izquierda progresista; para otros, el sistema capitalista-estatal.
¿Quién se beneficia de la inmigración?
Una corriente de análisis sostiene que la inmigración masiva no es un error ni un accidente, sino una política deliberada del poder concentrado. El Estado, a través de sus élites militares y económicas, necesita mano de obra dócil y consumidores para mantener el crecimiento, mientras que la clase media autóctona –con sus derechos y exigencias– se vuelve disfuncional. Desde esta óptica, tanto la derecha como la izquierda son cómplices, al delegar en el Estado la solución de todo.
La pregunta que queda en el aire es si la sociedad española, atrapada en sus divisiones ideológicas, será capaz de identificar al verdadero motor de la inmigración. Mientras tanto, el mito franquista sigue sirviendo como arma arrojadiza, pero la realidad es más compleja y menos partidista de lo que unos y otros admiten.
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