Pensión de 3.194 euros por migrañas: el debate de las incapacidades
La Seguridad Social dijo no dos veces. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dicho sí. Y la diferencia son 3.194,46 euros netos al mes, vitalicios, para una ingeniera de 42 años que asegura que sus migrañas crónicas y el daño cognitivo post-Covid le impiden trabajar. El caso, conocido recientemente, ha reabierto la pregunta incómoda: ¿dónde está la línea entre una enfermedad incapacitante y una paga que muchos consideran un premio?
El caso: de la denegación a la absoluta
La protagonista es una ingeniera de sistemas informáticos de 42 años. Según la información publicada, padece graves secuelas post-Covid: migrañas crónicas y daño cognitivo. La Seguridad Social le denegó la incapacidad en primera instancia. Ella recurrió. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid le ha dado la razón y le reconoce la incapacidad permanente absoluta para cualquier tipo de profesión. La pensión: 3.194,46 euros mensuales, exenta de IRPF. Además, cobrará cerca de 45.000 euros en concepto de atrasos. El caso no es aislado. Las incapacidades absolutas para trabajadores de oficina son raras, pero cuando se conceden es porque los informes médicos son contundentes. O al menos eso sostienen quienes defienden la sentencia.
La enfermedad que algunos llaman «cefalea del suicidio»
Para entender el caso hay que hablar del dolor. La migraña crónica no es un simple dolor de cabeza. Quienes la padecen describen episodios con vómitos, náuseas, sensibilidad a la luz y al sonido, y horas encerrados en una habitación a oscuras. Hay un tipo de cefalea, la llamada cefalea en racimos, conocida médicamente como «cefalea del suicidio», considerada uno de los dolores más intensos que puede experimentar un ser humano. Un testimonio relata haber padecido cefalea en racimos durante 30 años sin que nunca le dieran la baja. Otro recuerda a un amigo que se encerraba en la habitación con la luz apagada y pasaba días sin salir ni comer, y que murió pronto. La crudeza de estos relatos contrasta con la percepción de que una migraña es un dolor de cabeza pasajero.
El sistema: por qué la pensión es tan alta y no tributa
La cuantía no es casual. La pensión se calcula sobre la base de cotización de la trabajadora. Una ingeniera de sistemas informáticos con años de cotización puede tener una base alta, lo que explica los 3.194,46 euros. Además, las pensiones por incapacidad permanente absoluta están exentas de IRPF, lo que significa que los 3.194 euros son netos. Es decir, la trabajadora cobra más que muchos compañeros que siguen en activo. Esto ha generado críticas: se señala el caso de una hermana que cobra más que sus compañeros que siguen trabajando. Pero también hay quien recuerda que la exención fiscal es una compensación por la pérdida de capacidad laboral, no un regalo.
La otra cara: fraude y percepción social
El caso ha abierto la caja de los truenos. Hay quien sostiene que la protagonista podría desempeñar otros trabajos menos exigentes: «sigue teniendo brazos y piernas, ¿no? Pues de barrendera local, o a limpiar el monte». Otros van más lejos y hablan de un sistema que premia a los listos y castiga a los que de verdad están jodidos. La comparación con otros casos, como la fibromialgia o la sensibilidad electromagnética, también aparece. Pero hay una corriente que defiende la sentencia: «las incapacidades absolutas a trabajadores de oficina no se suelen dar a no ser que haya una enfermedad muy incapacitante. Y debe ser el caso». La dificultad de demostrar el dolor, la subjetividad de los informes médicos y la sospecha de fraude son el caldo de cultivo de este debate.
El caso no cerrará el debate. Al contrario, probablemente lo avivará. La cuestión de fondo —cuánto vale el dolor, quién lo certifica y quién paga la factura— seguirá abierta mientras haya quien considere que 3.194 euros son muchos para un dolor de cabeza y quien sepa que no hay dolor de cabeza que no rompa una vida. La sentencia del TSJ de Madrid es firme, pero la polémica, no.