Cada tres segundos muere un cerdo en el mayor matadero de Europa
El primer día que Mauricio García Pereira cruzó la puerta del matadero municipal de Limoges vio 35 vacas colgando de una cadena que no se detenía. Sonaba una sirena, la línea avanzaba, y el olor a sangre seca le obligó a aprender a respirar por la boca. Años después, según su propio relato, encontró en la tripería una bolsa rosada y caliente que no se parecía a nada que hubiera visto antes. Su libro,
Maltrato animal, sufrimiento humano, es la punta visible de un negocio que en España mata 50 millones de cerdos al año.
Conviene separar dos cosas: lo que dicen los números de la
industria y lo que cada cual decide hacer con ellos. Lo primero es medible. Lo segundo es donde se rompe cualquier conversación.
España, tercera potencia mundial del porcino
El país es la tercera potencia comercial mundial de productos de porcino y la cuarta en producción final de toneladas de carne, solo por detrás de China, Estados Unidos y Alemania. Traducido a cabezas,
se sacrifican unos 50 millones de cerdos al año, que rinden 4,25 millones de toneladas de carne. De todo ese volumen, un 55% se exporta a la Unión Europea, a China y a otros mercados asiáticos.
No es una casualidad ni un excedente. España ha convertido la proteína animal barata en una de sus grandes exportaciones industriales, con el cerdo como locomotora. La pregunta incómoda no es si el sector da empleo y divisas —lo da—, sino a qué precio interno se sostiene esa posición en el podio.
De 18 a 30 lechones por cerda: la carrera por el rendimiento
La competición no se juega solo en el número de animales muertos, sino en cuánto tarda cada hembra en producir los siguientes. En tres décadas se ha pasado de cerdas capaces de parir 18 lechones al año, en dos partos, a otras que rondan los 30. Es un salto de productividad que en cualquier otro sector se celebraría como un hito tecnológico.
El parámetro que lo resume son los días no productivos por ciclo: los días en que la cerda ni está preñada ni está lactante, es decir, los días en que come y no genera ingresos. En los últimos 15 años se han recortado 2,72 días por año. La comparación que circula para dimensionarlo tiene su gracia:
es como recortar un segundo en los 100 metros lisos. Cuando el margen ya es milimétrico, cada décima es dinero.
Un cerdo cada tres segundos
La parte más visible de esta ingeniería es el sacrificio y el faenado. En los años 90 ya se había alcanzado la velocidad de sacrificar y despiezar 6 cerdos por minuto. Las nuevas instalaciones con maquinaria robótica, junto con las exigencias que se imponen a la plantilla de esa cadena, permiten 22 cerdos por minuto. Un puerco cada tres segundos.
La próxima instalación de estas características se inaugura en Binéfar (Huesca). Según su propia página web, se trata del matadero más grande de Europa, preparado para el sacrificio y procesado de 32.000 cerdos al día con un objetivo que figura por escrito:
«matar siete millones de cabezas por año». El verbo no es una licencia literaria; está así.
El testimonio: siete años dentro del matadero de Limoges
El matadero municipal de Limoges ocupa cerca de cuatro hectáreas, da trabajo a 85 empleados y procesa 25.000 toneladas de carne al año. Es el mayor de Francia. García Pereira, gallego emigrado, entró allí en 2010 empujado por una empresa de trabajo temporal y por la pensión de sus hijos. Le pagaban unos 1.500 euros netos el primer mes y le enseñaron fotos de animales degollados para ver si resistía.
Resistió casi siete años. Aspiraba la médula de las vacas bajo los protocolos de las vacas locas, hinchaba cabezas de ternero con aire comprimido para que flotaran en agua hirviendo, metía tripas en cubos.
«Coge esta mierda, la cojo. Mete esas tripas en el cubo, las meto», resume. El relato que le dio notoriedad llegó en 2013: según su testimonio, en la tripería aparecían bolsas con fetos y se sacrificaban vacas preñadas y terneros, decenas cada día. Es la acusación central del libro y procede de una experiencia personal, no de una verificación judicial.
Quién aguanta un trabajo así
Hay una derivada que casi nunca entra en los balances: la plantilla. Quien ha pasado por una cadena de estas describe ruido de ganchos, sirenas, aullidos de sierras y charcos de sangre en naves sin ventanas. La instrucción, dicen, es siempre la misma: callar, agachar la cabeza y hacer tu trabajo.
Sobre la salud mental de estos trabajadores circulan afirmaciones difíciles de cuantificar. Se sostiene que el personal acaba deteriorado y que solo permanecen quienes se blindan emocionalmente, porque ver morir mamíferos a ritmo industrial durante años pasa factura. No hay cifras en el material para sostenerlo con rigor, pero la advertencia encaja con el resto.
El asunto que acabó en otra discusión
Y aquí se rompió el debate. Buena parte de las réplicas no discutieron el matadero, sino el aborto. Una corriente de opinión sostiene que las interrupciones voluntarias del embarazo en humanos son una tragedia de mayor calibre y que compararlas con el sufrimiento animal es un ejercicio tramposo. La respuesta contraria —igualar un embrión con un animal ya nacido— es, para otra parte, el epítome del razonamiento forzado.
En medio de ese ruido quedaron los datos: 50 millones de cerdos, 32.000 al día, 22 por minuto. El objeto del texto desapareció. También apareció, cómo no, el reflejo defensivo: que los animales son comida y que cualquier otra consideración sobra.
Entre la casilla de exportación y la bandeja del supermercado hay 22 cerdos por minuto, 32.000 al día y un objetivo escrito en una web: siete millones de cabezas al año. Nada de eso aparece en la etiqueta.