El vino y el cáncer: el aviso que la UE discute bajo presión
España produce vino, lo exporta, lo presume en la mesa y lo defiende en Bruselas. Y ahí está el nudo: la misma Administración que promociona el sector es la que debería avalar el aviso de que
el alcohol es un carcinógeno, con o sin denominación de origen. Salud pública contra interés económico. El choque no se resuelve: se aplaza.
Qué se debate en la Unión Europea sobre el vino
La idea de fondo es sencilla y la letra pequeña, turbia: que el etiquetado del alcohol incluya advertencias sanitarias, igual que ya ocurre con el tabaco. Hay quien sostiene que ese aviso se ha frenado en los despachos de Bruselas
antes de llegar al Parlamento, y que el Ministerio de Agricultura debería haber cortado la maniobra en origen, cuando todavía se cocinaba en los pasillos.
La lectura opuesta circula con la misma seguridad. Son los países no productores y sus lobbies sanitarios quienes empujan la medida, y lo hacen porque no les cuesta nada: no tienen viñedos que defender. Para el sur de Europa, en cambio, cada nueva advertencia sobre la botella es un golpe directo a la balanza comercial.
Por qué el vino se defiende como interés nacional
España es país productor y una de las pocas potencias agroalimentarias con marca propia en el exterior.
Ribera del Duero, Rioja, Albariño: cada denominación mueve empleo, turismo y exportación. Si el etiquetado se endurece, el golpe no se da a un producto cualquiera, se da a una industria con siglos de recorrido y a una cultura entera de mesa y sobremesa.
En contra pesa un dato incómodo: los países que impulsan el aviso apenas producen vino, y eso, según esta corriente, explica su entusiasmo por la medida. La discusión, al final, no va de moléculas. Va de quién paga la factura de una advertencia impresa en una etiqueta.
¿Provoca cáncer el alcohol? Lo que dicen las fuentes sanitarias
La respuesta de las organizaciones sanitarias que aparecen en el asunto es un sí sin matices: la Asociación Española Contra el Cáncer sostiene que el alcohol provoca esa enfermedad, y un trabajo de la Universidad Autónoma de Madrid insiste en que
no existe un consumo beneficioso. Otros estudios, se recuerda, sacan conclusiones contradictorias entre sí, y el alcohol destruye neuronas, lo que favorece enfermedades como el Alzheimer.
El problema de fondo es metodológico. Cuando un trabajo concluye que algo sienta bien, la reacción inmediata es pensar en el abuso que provocará el titular. La evidencia sanitaria se lee, muchas veces, con la calculadora del comportamiento ajeno en la mano. Ante cualquier duda sobre un patrón de consumo propio, la vía razonable es un profesional de la salud, no una etiqueta.
Sulfitos y aditivos: la tesis química contra el vino
Aquí el argumento se desplaza y gana adeptos. El problema no sería el vino en sí, sino
los sulfitos y los aditivos que la industria añade. Los abuelos bebían vino sin química, y no pasaba nada, sostiene esta corriente, que ve en la advertencia un ataque al producto tradicional y no a los procesos industriales.
La comparación se extiende a los refrescos: jarabe de glucosa, edulcorantes, colorantes y sucedáneos de cerveza sin alcohol cargados de azúcar se venden como alternativa saludable mientras se demoniza la copa. Es el razonamiento más repetido del intercambio y, a la vez, el más difícil de rebatir con un simple aviso impreso.
La copita diaria: moderación contra «todo da cáncer»
El eje del desacuerdo está en la dosis. Un consumo moderado, en comida y sin borracheras, se defiende como hábito razonable y hasta como válvula de escape en una vida que, sin pequeños vicios, se hace cuesta arriba. Beberse una botella a palo seco a diario es otra cosa, y nadie la defiende.
Frente a eso, una corriente lo da todo por perdido: vivir ya provoca cáncer, así que la advertencia se lee como ruido de fondo. Y otra recuerda que el tabaco también es un chollo fiscal, con una relación con el cáncer mucho mejor establecida, y ahí nadie discute el etiquetado. La contradicción, señalan, no está en la ciencia, está en la caja.
La discusión acaba donde suele acabar. Cuánto recauda el Estado por alcohol, cuánto le cuesta después la sanidad y a quién beneficia que el aviso llegue tarde. Con la evidencia sobre la mesa, ¿por qué lo que se acepta sin debate para el tabaco sigue en negociación para la copa de vino?