Huelga general para exigir elecciones: la paradoja del Ibex en máximos
Mientras el Ibex 35 marca récords y los pisitos se venden como rosquillas, un movimiento ciudadano convoca una huelga general para exigir elecciones anticipadas. La paradoja es evidente: ¿tiene sentido paralizar el país cuando la economía va viento en popa? El llamamiento, que circula por redes sociales y plataformas de mensajería, propone el 10 de octubre de 2025 como fecha para el paro. Pero la convocatoria plantea más preguntas que respuestas.
¿Quién convoca y por qué?
El llamamiento original, con el lema «España no se abandona», exige
elecciones generales y pone el foco en la situación de Ceuta y Melilla. Se argumenta que la ciudadanía está cansada de una política convertida en pelea interminable y que la resignación es el verdadero fracaso. Las fechas propuestas no son únicas: se barajan el 20 de septiembre, el 12 de octubre, el 19 de septiembre y, la más citada, el 10 de octubre de 2025. La elección de la fecha no es casual: algunos señalan que el 10 de octubre cae en puente en algunas comunidades, lo que podría restar seguimiento.
La economía no acompaña al descontento
La paradoja se agudiza con los datos. Mientras se convoca un paro general, el Ibex 35 está en máximos históricos y el mercado inmobiliario sigue disparado, con pisitos en récord. Hay quien sostiene que la gente no está tan harta como parece, y que el descontento es más político que económico. Si la economía va bien, ¿qué reivindicaciones laborales justifican la huelga? Esa es la pregunta que lanzan los críticos.
Sindicatos y legalidad: la sombra de la ilegalidad
Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, no parecen dispuestos a respaldar la convocatoria. De hecho, se ironiza con que solo convocan huelgas cuando gobierna la derecha. Además, la legalidad de un paro sin reivindicaciones laborales es dudosa. La huelga es un derecho fundamental, pero debe tener motivación laboral. Si es puramente política, podría ser considerada ilegal. Hay quien apunta a sindicatos alternativos, como Sindicato Solidaridad, como posibles impulsores.
El escepticismo generalizado
La respuesta mayoritaria es el escepticismo. Muchos creen que salir a la calle solo sirve para que en Moncloa se rían de los manifestantes. Otros señalan que, si Feijoo ganó las elecciones, es a él a quien hay que exigirle que actúe, no a la calle. Y no falta quien recuerda que, aunque se celebren elecciones, el resultado sería similar: PSOE o PP, con el mismo «sentido de estado». La convocatoria, en definitiva, parece un gesto de desesperación más que una estrategia efectiva.
La pregunta queda en el aire: ¿es la huelga un instrumento para forzar elecciones o un gesto de desesperación? Los datos económicos sugieren que el malestar no es económico, pero el malestar político puede ser más profundo. ¿Y si la huelga no es contra el Gobierno, sino contra la resignación? La respuesta, por ahora, no está en las urnas.