Verano en Correos: mañanas, sin sábados y la eterna pesadilla de la etiqueta impresa
Quien haya tenido que devolver un paquete de Amazon este verano se ha topado con la misma cantinela: Correos solo abre de mañanas, los sábados ni se moleste, y además hay que llevar la etiqueta impresa porque el servicio público no se digna a imprimirla. Una combinación que convierte una gestión de cinco minutos en una odisea logística.
La queja recurrente es que mientras Amazon ofrece puntos de devolución donde ellos ponen la etiqueta, Correos obliga al usuario a buscar una impresora o, en su defecto, una copistería. Hay quien ha descubierto que existe un portal de devoluciones de Correos donde se genera un código QR para mostrar en ventanilla, evitando el papel. Pero el desconocimiento de esta opción y la falta de promoción del servicio dejan a muchos en la misma tesitura: madrugar para llegar a la oficina antes del cierre matutino.
No es solo Correos: el colapso estival del reparto
El problema trasciende a la empresa pública. Quienes envían paquetes a diario señalan que todas las empresas de mensajería están al límite en verano. Con el calor, la saturación y la falta de personal, los retrasos se acumulan. Una entrega que debería llegar en 24 horas se alarga varios días, y los repartidores llegan sudados y a horas intempestivas, porque con 50 paquetes al día no hay horario que valga.
Detrás de la queja hay una realidad laboral: el sector de la paquetería ha degenerado. Hace treinta años, un repartidor autónomo podía ganar un buen sueldo. Hoy, nadie quiere currar de repartidor. Es un trabajo precario, mal pagado, con jornadas interminables y sin expectativas. La consecuencia es un servicio que funciona peor cada verano, tanto en lo público como en lo privado.
El dilema del usuario: ¿imprimir o madrugar?
Mientras Correos mantenga su horario reducido y no integre la impresión de etiquetas como estándar, la devolución de paquetes seguirá siendo un quebradero de cabeza. La alternativa del código QR es un parche que no resuelve el fondo: una empresa pública que parece empeñada en dar la peor experiencia posible al ciudadano, mientras las privadas tampoco es que se luzcan. Al final, el usuario es el que pierde el tiempo.