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Pagar 60 libras por unos vaqueros que duran 30 años sale a 0,12 peniques al día
Un par de vaqueros comprados en Londres hace una década, usados más de 500 veces y con veinte años de vida por delante. El cálculo es simple: 60 libras entre 500 puestas dan 0,12 peniques por día, y la cifra sigue bajando con cada uso. Ese es el punto de partida de una discusión que lleva años coleccionando objetos que se niegan a morir y que pone en cuestión una de las ideas más repetidas del consumo moderno: la obsolescencia programada.
El planteamiento original es directo. Frente a la idea de que los fabricantes programan la muerte de sus productos para alimentar la espiral consumista, se propone medir el coste real de cada cosa con un ratio sencillo: precio dividido entre número de días de uso. Bajo esa lupa, un objeto caro que aguanta treinta años es más barato que uno barato que se rompe a los dos.
El ratio precio/día que cambia la perspectiva
La propuesta del ratio no es un capricho contable. Convierte cada compra en una inversión medible y deja al descubierto lo que el precio de etiqueta esconde. Un televisor Sony de 29 pulgadas y 100 hercios que sigue funcionando como el primer día impide, ironías del destino, disfrutar de la alta definición. Un lavavajillas Miele y una Suzuki Burgman 400 suman 21 y 12 años respectivamente funcionando a diario sin fallos.
Hay quien sostiene que la obsolescencia programada no existe como tal y que lo que hay es mucha mierda comprada a sabiendas. La alternativa que se defiende es comprar calidad, entendida como buenos materiales y buena mano de obra. Bajo ese prisma, el problema no sería una conspiración industrial sino una decisión de compra repetida millones de veces.
La lista de objetos longevos que aparece es un catálogo de resistencia: una calculadora HP49 con 12 años de uso diario, un ratón Logitech MX 1000 inalámbrico de 2004 que funciona como nuevo, un teclado que ha sobrevivido a varios ordenadores y a incontables partidas de Street Fighter II, un microondas Samsung de 1994, una consola NES de 8 bits con veinte años encima.
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Coches, bicis y electrodomésticos que superan a sus dueños
El automóvil es otro de los terrenos donde la longevidad se mide en décadas. Un Nissan Primera 2.0 de inyección acumula 17 años y ha pasado por tres conductores distintos de la misma familia sin una sola avería grave. Un Seat León TDI de 90 caballos suma una década con cero fallos más allá de revisiones y neumáticos. Y un Seat Córdoba TDI alcanza los 401.000 kilómetros haciendo todavía 150 al día.
En el apartado mecánico, los coches japoneses se llevan la fama de durar toda la vida, aunque los datos concretos que se aportan son mayoritariamente europeos. Las motos no se quedan atrás: una Suzuki Burgman 400 con 12 años y uso diario demuestra que el desgaste depende más del mantenimiento que del paso del tiempo.
Las bicicletas merecen un capítulo aparte. Una Specialized Hard Rock comprada hace más de veinte años por unas 60.000 pesetas sigue rodando tras cientos de kilómetros de montaña. Otra de aluminio cumple 14 años con 70.000 kilómetros de carretera. El análisis técnico que se comparte es útil: la cadena suele fallar a los 5.000 kilómetros, los piñones a los 10.000, y a partir de ahí el desgaste se acelera si no se cambia todo a la vez. Un cuadro de acero o aluminio, bien cuidado, dura más que su dueño.
Ropa, muebles y objetos heredados que sobreviven al propietario
La ropa es el terreno donde más fácil resulta medir la durabilidad. Una sudadera de algodón con 14 años de uso invernal sigue sin hacer bolas. Una cazadora de cuero de 1983 acumula casi tres décadas. Unos polos Lacoste superan los quince años. Una chaqueta vaquera heredada de un hermano llega a los treinta. Y unos pantalones de cinco euros de una marca básica aguantan diez años y múltiples lavados.
Los muebles también aparecen. Sofás de treinta años con aspecto señorial, frente a armarios de grandes superficies a los que ya se les han desprendido las puertas en pocos años. La comparación no es anecdótica: apunta a una diferencia de materiales y de proceso productivo que el precio final no siempre refleja.
Hay objetos que directamente trascienden a su comprador. Una grapadora fabricada en España que lleva entre 25 y 30 años funcionando y que ahora usan las hijas de su dueño. Una chupa de montaña comprada hace tres décadas en una tienda de Bilbao. Un cactus que lleva más de treinta años en la misma maceta, sobreviviendo a traslados y a la desidia absoluta de quien lo cuida.
El coste oculto de la calidad que no se mide
La propuesta más ambiciosa que surge es la de un laboratorio independiente de calidad que obligue a los fabricantes a publicar resultados verificables. Si alguien pudiera garantizar que una prenda dura cinco veces más, muchos pagarían el triple sin dudarlo. El problema es que hoy esa información no existe, y el consumidor decide a ciegas entre una etiqueta y otra.
El cálculo completo, con todos los objetos y sus ratios desglosados, arroja diferencias que sorprenden. Pero la conclusión que se impone no es tanto económica como cultural: la longevidad se construye con tres ingredientes que rara vez coinciden. Materiales decentes, mantenimiento regular y una pizca de suerte.
Mientras tanto, la lista sigue creciendo. Un mechero Dupont que lleva dos años encendiendo cigarros sin pausa. Un ventilador Philips de los años setenta que funcionaba doce horas al día durante veinticinco años. Un reloj Flieger de 1936. Unos carretes de pesca heredados con más de cincuenta años. La pregunta que queda flotando no es cuánto duran las cosas, sino por qué hemos dejado de esperarlo.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«La obsolescencia programada no existe. Lo que existe en comprar mierda que se comporta como...mierda.»
— Geologia_Matutina · crítica a la tesis de la obsolescencia
«Si pudieran asegurarme que una prenda me dura 5 veces más, no me importaría pagarla el triple de cara.»
— Pinchazo · demanda de certificación de calidad
«Lo primero que falla suele ser la cadena (unos 5mil km) y con 10mil los dientes de los piñones ajustan mal y te toca cambiarlos»
— glacierre · mantenimiento técnico de bicicletas
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
La obsolescencia programada no existe, se compra mal45%
Los fabricantes programan la muerte de sus productos30%
Falta un laboratorio independiente de calidad25%
📌 DATOS
Unos vaqueros comprados en Londres hace 10 años por 60 libras y usados más de 500 veces dan un ratio de 0,12 peniques por día
Un lavavajillas Miele y una Suzuki Burgman 400 suman 21 y 12 años respectivamente funcionando a diario sin fallos
Un Seat Córdoba TDI acumula 401.000 kilómetros haciendo unos 150 al día
Una sudadera de algodón acumula 14 años de uso invernal sin hacer bolas
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Cuánto dura una cadena de bicicleta y cuándo hay que cambiarla?
Según los cálculos compartidos, la cadena falla alrededor de los 5.000 kilómetros y los piñones empiezan a ajustar mal a los 10.000. Lo recomendable es cambiar cadena y piñones a la vez para evitar que el desgaste desigual acelere el deterioro del resto de la transmisión. Un cuadro de acero o aluminio bien cuidado dura décadas.
📅 EVOLUCIÓN
Sep 2014Se abre el tema con la propuesta de medir el coste real de cada producto mediante el ratio precio entre días de uso
Sep 2014Aparece la tesis de que la obsolescencia programada no existe y que el problema es la mala calidad de lo que se compra
Sep 2014Se acumulan decenas de casos de electrodomésticos, coches y ropa con más de dos décadas de servicio
Sep 2014Se incorpora el análisis técnico del desgaste de bicicletas y la diferencia entre cuadros de acero, aluminio y titanio
Sep 2014Surge la propuesta de un laboratorio independiente que certifique la durabilidad de los productos
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El cálculo completo del ratio precio/día aplicado a cada objeto de la lista, con cifras desglosadas que cambian la percepción de qué es caro y qué es barato
✓El desglose técnico del desgaste de una bicicleta: a qué kilómetros falla cada pieza y por qué cambiar solo una acelera el deterioro del resto
✓El catálogo de objetos heredados que superan a sus dueños: grapadoras, relojes, carretes de pesca y hasta un cactus con más de treinta años en la misma maceta
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