Cristina Castaño se estrella contra la cita previa del SEPE: una semana y ni una cita
La actriz Cristina Castaño ha visibilizado un problema que muchos ciudadanos conocen de sobra: conseguir una cita previa en el SEPE puede convertirse en un calvario. Según su denuncia en redes, lleva una semana intentando solicitar una cita sin éxito. El servicio público de empleo le respondió que le ayudaría por mensaje privado, pero la respuesta no resolvió sus dudas. El incidente ha prendido la mecha de un debate que va mucho más allá del caso particular: el sistema de cita previa de la administración pública está bajo escrutinio.
Un sistema que nació para agilizar y ha acabado bloqueando
La cita previa se implantó como herramienta para ordenar el flujo de trabajo en las oficinas públicas. En teoría, evita esperas y racionaliza las colas. En la práctica, se ha convertido en una barrera. No es solo una percepción: las quejas se multiplican en ayuntamientos, centros de salud y oficinas de empleo. El usuario se encuentra con una web que falla, citas que se agotan en segundos o, si consigue una, un desplazamiento para ser atendido por un funcionario que muchas veces no puede resolver su trámite porque se ha centralizado todo en el área personal online.
Detrás de esta paradoja hay una decisión política: empujar a la ciudadanía hacia la administración electrónica. Así lo dejó entrever la respuesta oficial del SEPE reproducida en el intercambio: «Gracias por tu comentario porque nos ayuda a mejorar», seguida de la sugerencia de usar el Área Personal para «tramitar en plazo y sin desplazamientos». La traducción real es que la cita presencial se ha convertido en un recurso de segunda categoría, a pesar de que no toda la población está en condiciones de hacer trámites digitales.
El drama de las oficinas vacías y los funcionarios en la cuerda floja
Uno de los aspectos más llamativos del debate tiene que ver con la situación de las oficinas. Las descripciones coinciden: salas de espera vacías, personal con poco trabajo visible, y una atención presencial que casi se ha eliminado. Algunos análisis van más allá y apuntan a la estructura de incentivos de los propios empleados públicos. En el SEPE, según se detalla en el intercambio, las bajas médicas se penalizan con la pérdida del plus de productividad: a partir de 15 días se pierden unos 500 euros al mes, y a partir de 90 días la pérdida puede alcanzar los 800 euros mensuales. Por eso, aseguran, casi nadie se coge una baja de un día aunque la necesite, porque las consecuencias económicas son reales. La ironía es que un sistema diseñado para castigar el absentismo acaba generando una plantilla físicamente presente pero poco efectiva, porque los trámites ya no se hacen en la oficina.
La cita previa como nuevo muro burocrático
El caso Castaño ha servido para que muchos compartan sus propias experiencias con otras administraciones: el empadronamiento, la tarjeta sanitaria, la declaración de la renta. En todos los casos, el patrón se repite: citas online que vuelan en segundos, páginas que se caen y una atención telefónica que no conduce a nada. Ante esta situación, algunas voces reclaman la implantación del silencio administrativo positivo: si la administración no responde en un plazo determinado, la solicitud se considera aprobada. Es una medida que se ha aplicado en algunos procedimientos y que podría descongestionar el sistema, pero las administraciones se resisten a perder el control sobre los plazos.
La cuestión de fondo no es de partidos ni de ideologías: es de eficacia administrativa. Cuando un ciudadano necesita un certificado de desempleo o una reactivación de su demanda de empleo, no le importa si el sistema es público o privado, digital o presencial. Lo que necesita es que funcione. Y a la vista de los testimonios, no lo está consiguiendo. El problema, que era una molestia puntual, se ha convertido en un servicio público más que falla a los que más lo necesitan: los que acuden al SEPE por definición no están en su mejor momento.
A la espera de que la administración tome alguna medida concreta, el drama de la cita previa sigue sobre la mesa. Y no parece que sea uno de esos problemas que se resuelvan con una actualización de la web.