Brasil ríe en el ritual de bienvenida aborigen de Townsville
¿Se puede exigir solemnidad a quien no entiende lo que ve? La selección masculina de Brasil fue grabada esta semana conteniendo la risa durante una ceremonia de humo con la que un grupo de aborígenes australianos le dio la bienvenida en Townsville, poco después de aterrizar para jugar dos amistosos. Entre el público había niños. La escena se calificó de «extremadamente irrespetuosa». En redes, directamente, de
repugnante.
Qué pasó en Townsville
El recibimiento incluyó cantos, humo y danza tradicional. Varios futbolistas no disimularon. Se rieron. El vídeo corrió y con él llegó el reproche: reírse del anfitrión que te recibe es, para buena parte de la opinión, un desplante innecesario.
Por qué unos ven falta de respeto y otros una imposición
«¿No asumirías simplemente que forma parte de la cultura local y te limitarías a observarla? Reírse es la respuesta de menor coeficiente intelectual ante algo así», resume una de las posturas. Enfrente, otra igual de firme: reírse de lo desconocido es humano y exigir devoción obligatoria convierte la cortesía en
catecismo.
La crítica se contaminó por el camino. Parte de las reacciones no apuntó al gesto, sino al origen de los jugadores brasileños. También se trajo a colación el racismo sufrido por uno de los futbolistas más conocidos del equipo, usado aquí como arma arrojadiza.
El marcador que nadie esperaba
El asunto deportivo se coló solo: Brasil empató
1-1 con Australia, un resultado impensable en otras épocas. Y quedó flotando una pregunta sobre el banquillo: por qué una selección que presume de identidad no la dirige un entrenador brasileño.
Si reírse en un ritual es delito, el 1-1 no fue ninguna gracia.