Extremadura recorta 9 millones en cooperación: ONG e Iglesia denuncian desmantelamiento
Un recorte de casi nueve millones de euros en los presupuestos regionales de cooperación internacional ha desatado una oleada de críticas. La Junta de Extremadura, gobernada por el PP con apoyo de Vox, ha reducido la partida de 11,7 millones a apenas 2,7 millones para 2026. El tijeretazo, del 77%, deja en el aire decenas de proyectos en países en desarrollo y ha unido en la protesta a ONG como Ayuda en Acción o Manos Unidas, junto a la Iglesia católica extremeña. La cooperación extremeña, otrora referente nacional, toca fondo.
Competencias o dispendio: el debate de fondo
Detrás de la polémica subyace una discusión recurrente: ¿deben las comunidades autónomas tener políticas de cooperación internacional? La Constitución reserva las relaciones internacionales al Estado, pero las regiones han mantenido programas de ayuda durante décadas. Los defensores del recorte arguyen que se trata de dinero público malgastado en competencias impropias. “Las CCAA no pintan nada en asuntos internacionales”, resumen algunos análisis, que ven en la medida un ahorro necesario y un freno al “parasitismo” de organizaciones que, según sus críticos, han vivido 25 años “trincando pasta” de fondos autonómicos. En el extremo opuesto, quienes defienden la cooperación regional recuerdan que es una señal de identidad de Extremadura y que los proyectos en terreno son eficaces y gestionados con transparencia.
2,7 millones de remanente: ¿es todo despilfarro?
El presupuesto que queda, 2,7 millones, sigue siendo una cantidad no desdeñable. Organizaciones como la Coordinadora Extremeña de ONGD advierten de que ese montante apenas permitirá mantener proyectos en marcha, sin posibilidad de nuevas iniciativas. La Iglesia, a través de Cáritas, ha señalado que el recorte es “desproporcionado” y que pone en riesgo la colaboración con comunidades locales en África y América Latina. Quienes aplauden el tijeretazo insisten en que cualquier gasto en cooperación es superfluo cuando hay necesidades dentro de la región: sanidad, educación, dependencia. “Se siguen tirando 2,7 millones en algo sin utilidad alguna”, espetan, mientras otros recuerdan que la ayuda exterior también genera retornos en forma de imagen y diplomacia blanda.
El factor político: Vox y el viraje del PP
La decisión no es inocente desde el punto de vista electoral. El gobierno extremeño del PP, sostenido por Vox, cumple con una de las exigencias de la ultraderecha: eliminar partidas que consideran “ideológicas” o “clientelares”. Varios comentarios apuntan a que la medida le dará “unos cuantos votos más para Vox”, mientras otros critican que el partido de Abascal se ha quedado a medio camino al no eliminar por completo la partida. El PP, por su parte, defiende el recorte como parte de una reestructuración general del gasto público. La tensión entre rigor presupuestario y solidaridad internacional no es nueva, pero en Extremadura se ha llevado al extremo.
El resultado es que la cooperación extremeña, después de décadas siendo un orgullo regional, agoniza. Los proyectos en marcha se mantendrán con cuentagotas, y las ONG tendrán que buscar financiación alternativa o despedir personal. La pregunta que flota es si este desmantelamiento es un ajuste puntual o el principio del fin de la cooperación autonómica en España. Los datos, por ahora, no invitan al optimismo.
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