Rusia, Chequia y Alemania: donde te tratan peor
¿Qué país tiene la gente más borde? La pregunta parece de barra de bar, pero cuando se cruzan experiencias de viaje, las respuestas dibujan un mapa de antipatías bastante nítido. Rusia se lleva la palma para unos, la República Checa le pisa los talones y Alemania provoca un debate encendido entre quienes la han visitado y quienes residen allí.
Rusia y Chequia, los rivales por el podio
Las críticas se concentran en Europa del Este. Rusia aparece citada como el país donde la gente se lleva de largo la palma en antipatía. La República Checa acumula acusaciones de frialdad y malos modos, con Praga como ciudad más denunciada: los viajeros hablan de gente fría, borde, maleducada y agresiva en cualquier interacción, con una expresión de desagrado constante. Ni siquiera la gastronomía se salva. Polonia y Hungría aparecen en la misma órbita, aunque hay quien las defiende como pueblos hospitalarios y campechanos.
Alemania: el choque entre turista y residente
Alemania divide aguas. Los turistas relatan miradas por encima del hombro y episodios de discotecas donde se prohibía la entrada a españoles. Quienes viven allí desde hace más de ocho años lo niegan con rotundidad y aseguran que los prejuicios se dirigen más a otros colectivos que a los mediterráneos. La percepción cambia según el aspecto y el comportamiento del viajero.
¿El país o la ciudad?
Otro patrón: la antipatía se concentra en las grandes capitales. París es peor que Francia, Nueva York peor que el resto de Estados Unidos. La saturación turística y el anonimato urbano tienen parte de culpa. Holanda, India o Israel también reciben votos, aunque con matices: en Holanda se apunta al hastío del turisteo en Ámsterdam, y en India, a un comportamiento más agresivo en las calles.
El turista como parte del problema
Varios viajeros citan a españoles gritando por Viena o comportándose de forma llamativa. Si el viajero se convierte en el estereotipo que se espera de él, la antipatía se retroalimenta. El mismo checo que no sonríe por la calle puede ser un anfitrión atento si se le habla con respeto. Pero claro, eso exige hablar con respeto.
Las experiencias personales no constituyen una muestra estadística, y ningún instituto ha medido todavía la grosería per cápita. Mientras tanto, si alguien busca un país para sentirse mal recibido, tiene dónde elegir. Eso sí, que no se le ocurra devolver el gesto: entonces la fama será justa.