Hitler no tenía plan para África: su objetivo era la URSS
Hitler no dejó ningún proyecto colonial para África. Ni administración, ni gobernadores, ni reparto de mapas. La doctrina que sí quedó por escrito —en Mein Kampf y en el llamado Segundo Libro— apuntaba justo al revés: un imperio continental en Europa del Este, hasta los Urales, y no una red de factorías en ultramar.
Por qué el II Reich fue el mal ejemplo
El argumento que más se repite es que el propio régimen veía el imperio colonial del II Reich como un error estratégico: dispersaba recursos y población en territorios donde la mezcla chocaba frontalmente con su ideología racial. El destino de Alemania estaba en Europa, en recuperar el espacio vital. Por eso, cuando la Wehrmacht ocupó Francia en 1940, las colonias africanas francesas no pasaron a manos alemanas: siguieron bajo administración de la Francia de Vichy.
El comercio como trampa
Otra pieza clave: Hitler rechazaba obtener materias primas por vía comercial. En su lógica, el comercio desarrollaba a los países subdesarrollados, que dejaban de ser fuente de recursos y se convertían en competidores industriales. De ahí la secuencia: Chequia, Polonia y la URSS hasta los Urales. El «Gran Reich Germánico» era igual de elástico —incluía escandinavos, flamencos y holandeses, y excluía a los eslavos— pero nunca se tradujo en un organigrama administrativo.
Con la documentación disponible, la pregunta se queda sin cerrar. No hubo plan oficial, y los proyectos dispersos que se atribuyen a distintos departamentos del régimen siguen sin acta que los sostenga. Cuando la conversación deriva hacia la política económica del Tercer Reich, el archivo se agota antes que la curiosidad. Y no, África nunca estuvo en ese mapa.