Cuando llegó el eclipse, lo q más me impactó no fue el espectáculo en el cielo, sino lo que ocurrió aquí abajo. La oscuridad. Y con ella, el cambio de temperatura, ese descenso sutil pero inconfundible del aire, como si el mundo hubiera contenido la respiración.
El silencio se hizo denso. Solo lo rompían los murmullos bajos de la gente y el inquieto cantar de los pájaros, que parecían no entender qué estaba pasando. No era el silencio de la noche, ni el de una tormenta que se avecina. Era otro.
Y la oscuridad… esa fue la que más me detuvo. No era noche cerrada. Tampoco esos minutos grises qe preceden al anochecer.
Era algo distinto: un tono apagado, ceniciento, casi metálico. Sabías exactamente dónde estabas —reconocías las calles, los árboles, los rostros—, y sin embargo todo parecía pertenecer a otro planeta. No a uno idéntico, ni a un espejo paralelo. Sino a uno similar. Cercano. Familiar y a la vez profundamente extraño, como si la realidad hubiera sido ligeramente desplazada unos grados hacia lo irreconocible.
Hubo un instante en que sentí que el aire mismo había cambiado de densidad. Y en esa luz imposible, ni del día ni de la noche, el mundo se volvió momentáneamente ajeno… y por eso, quizá, más verdadero
El silencio se hizo denso. Solo lo rompían los murmullos bajos de la gente y el inquieto cantar de los pájaros, que parecían no entender qué estaba pasando. No era el silencio de la noche, ni el de una tormenta que se avecina. Era otro.
Y la oscuridad… esa fue la que más me detuvo. No era noche cerrada. Tampoco esos minutos grises qe preceden al anochecer.
Era algo distinto: un tono apagado, ceniciento, casi metálico. Sabías exactamente dónde estabas —reconocías las calles, los árboles, los rostros—, y sin embargo todo parecía pertenecer a otro planeta. No a uno idéntico, ni a un espejo paralelo. Sino a uno similar. Cercano. Familiar y a la vez profundamente extraño, como si la realidad hubiera sido ligeramente desplazada unos grados hacia lo irreconocible.
Hubo un instante en que sentí que el aire mismo había cambiado de densidad. Y en esa luz imposible, ni del día ni de la noche, el mundo se volvió momentáneamente ajeno… y por eso, quizá, más verdadero