Reformar un baño: de 5.000 a 13.000 euros y la partida que todos olvidan
Reformar un baño en condiciones no baja de 5.000 euros. Quien quiera hacerlo bien, con materiales decentes y sin que la obra se convierta en una pesadilla, tiene que asumir que el presupuesto de hace cinco años –aquellos 3.000 euros que parecían razonables– se ha quedado obsoleto. Los números reales que circulan en esta conversación apuntan a una horquilla que va de los 5.000 euros para un baño pequeño con calidades normales hasta los 13.000 euros para reformar dos estancias, una de ellas mediana. La diferencia no es capricho: está en el alicatado, los sanitarios, la grifería, la fontanería y, sobre todo, en las partidas que nadie menciona hasta que llega la factura final.
El suelo real del precio: 5.000 euros
Los presupuestos más optimistas que han acabado en obra real hablan de 6.000 euros para un baño relativamente pequeño, con plato de ducha, porcelánico y un lateral hidráulico. Quienes rebajan la cifra hasta los 3.800 euros suelen olvidar que ahí no están incluidos los sanitarios, la mampara ni el plato de ducha. Solo la mano de obra de alicatar, demoler y colocar ronda los 2.800 euros, según un desglose que se movía en esta conversación. Encima, la fontanería añade unos 600 euros, el falso techo otros 200 y los imprevistos, otros 200. Cuando se suman los elementos del baño, la cuenta se dispara.
Una anécdota ilustra hasta dónde ha llegado la inflación en este sector: cambiar únicamente el inodoro, hartos de las averías de la cisterna anterior, costó casi 800 euros. Con ese precio, reformar la estancia entera por 3.000 es pura fantasía. Y ojo con los mecanismos de plástico de gama baja: la opción de sustituir solo la cisterna puede convertirse en una reparación recurrente cada dos años.
Las partidas que el presupuesto olvida
Hay un consenso incómodo entre quienes han pasado por la obra: las tuberías viejas y la puerta son las grandes olvidadas. Renovar el alicatado y dejar la instalación de fontanería original es, según se dice, simplemente parchear. Y la puerta vieja, con premarco nuevo y carpintero de por medio, añade una partida que ningún presupuesto de alicatado incluye. Menos mal que conservar la puerta existente, si está bien, puede ahorrar unos cuantos euros.
El permiso de obra también genera controversia. Mientras unos sostienen que un cambio de baño no lo necesita, otros recuerdan que el ayuntamiento de turno puede opinar lo contrario, y que el desescombro también tiene su factura. La recomendación más sensata es pedir presupuesto cerrado y por escrito, con todas las partidas visibles. Porque “luego te digo que son 1.000 euros más” sigue siendo la frase más repetida en este gremio.
Calidad vs coste: el dilema de siempre
“La calidad permanece, el precio se olvida”: el mantra aparece una y otra vez, pero choca con la realidad de quienes no quieren hipotecar el presupuesto familiar. Hay posturas para todos los gustos. Están los que consideran que 5.000 o 6.000 euros por un baño son un robo, y los que prefieren gastarlos en otras reformas de la casa. Y están los que sostienen que un baño bien hecho es la mejor inversión en salud y bienestar diario. El microcemento, por cierto, se cuela como opción estética, aunque los avisos sobre su mantenimiento no se hicieron esperar.
La conclusión no es única: si los materiales siguen encareciéndose al ritmo de los últimos años, la horquilla de 5.000 a 13.000 euros no va a estrecharse. La única vía de ahorro sigue siendo la que nadie quiere oír: presupuesto cerrado, partidas escritas y un profesional que no desaparezca a mitad de obra. Que eso exista, ya es otra batalla.