El hilo deja los toros y pide sacrificios que cuesten de verdad
La encuesta se parte. Ya no se discute si se renuncia a los toros o al flamenco: un participante tira la mesa y pregunta qué sacrificios cuestan de verdad. Desde ese mensaje el hilo deja de ser una lista de tradiciones y se convierte en un examen. Unos siguen sumando concesiones —la economía, las pensiones, los derechos civiles, la unidad del país— y otros contestan que no ceden nada, y menos aún lo que toque a su familia.
Qué se ha sabido
Las cifras del tramo son pocas y todas salen de los propios mensajes. Un forero detalla las condiciones de la mina de carbón pública:
treinta días naturales de vacaciones, prejubilaciones frecuentes por cualquier motivo y turnos en los que, según cuenta, bastaba con
cavar 90 centímetros de veta. Su conclusión es que la tecnología actual ha rebajado el esfuerzo: fuera del hecho de estar bajo tierra, dice, el trabajo no se diferencia mucho del de una obra.
Otra ventana temporal aparece en un mensaje:
1904-2004. Es el periodo al que asegura que le gustaría volver.
Y el giro interesante es otro. Cuando la lista deja de ser simbólica, el debate se traslada a lo personal. Hay quien pregunta cuántos familiares sacrificaría cada uno y si estaría dispuesto a un escenario de guerra. La respuesta de varios participantes es que no, y que quien habla de eso tan tranquilo no ha pensado en lo que dice. Un mensaje asegura, sin aportar ninguna fuente, que el
70% de la población ha votado a favor de la expulsión y que, si eso se reconociera, el hilo se cerraría solo.
Dónde está la bronca
Aquí se juntan tres peleas.
La primera es sobre qué se ofrece. Un sector responde a la encuesta con cesiones cada vez más caras. Uno entrega la economía, el Estado de bienestar y las pensiones, y acepta vivir «como sus abuelos». Otro sacrifica la unidad de España. Un tercero propone partir el país en dos: una mitad para los nacidos aquí y otra para los migrantes y quienes los apoyan. Y hay quien amplía la factura a derechos civiles: voto femenino, divorcio, eutanasia, aborto, libertad de culto y matrimonio entre personas del mismo sexo. Alguno se ofrece a sí mismo, y otro resume que aquí el sacrificio ya son ellos. En paralelo, un participante acepta renunciar a los toros pero le parece desequilibrado equiparar esa tradición milenaria con un partido político, y alguien invierte la propuesta: se ofrece a renunciar a los toros y al flamenco a cambio de expulsar a los votantes de una formación concreta.
La segunda pelea es sobre si la pregunta vale algo. Un forero la destroza por falta de definiciones: no se aclara si el migrante es legal o no, y cualquiera que viva en un país que no es el suyo cuenta como migrante, así que también contaría un turista o el empleado que una empresa extranjera traslada aquí. Otro habla de
falacia del supuesto incluido: los sacrificios que propone la encuesta no son los que de verdad tocaría vivir —violencia, prisión, confiscación de patrimonio, ostracismo—. Y el que abrió el hilo responde punto por punto a cada objeción, recordando que él solo quería mostrar lo que considera hipocresía del foro.
La tercera es de fondo. Un participante sostiene que la diferencia entre un nativo y un migrante es solo que el nativo llegó antes. Otro se planta en el «por nada»: si quienes tienen buenos sueldos y buenas pensiones no mueven un dedo, dice, él no va a hacer más.
Nadie ha rectificado su voto en este tramo. Lo que sí hay son ediciones sobre la marcha: el mensaje de la mina se corrige dos veces, la segunda a medias.
Las opciones que faltan
Media docena de mensajes se dedican a añadir casillas al formulario. Uno pide la del trabajo agrícola, recogiendo la producción «en plena helada, a las 5 de la mañana». Otro propone votar primero a un partido independentista catalán para que haga el trabajo sucio y echar también a ese partido después. Un tercero pregunta, en broma, por qué no resucitar a Don Pelayo. Y alguien lanza la pregunta incómoda: en ese plan de expulsión, qué se hace con las mujeres y con las personas homosexuales que ya viven aquí.
Qué cambia respecto a antes
El catálogo se ensancha por dos flancos. Por el económico ya estaba el Estado de bienestar; ahora se le suma, por escrito, la lista completa de derechos civiles. Por el territorial entra el reparto del mapa, con una mitad para cada bando.
Cambia también quién discute el marco. Antes la pelea era cuánto sacrificar; ahora hay quien discute si el sacrificio propuesto es real o de cartón.
Y entra una novedad que no había salido: el voto. Un participante dice que no piensa votar y que votar equivale a aceptar la situación.
El hilo pasa de la cartera a la urna.