Cuarenta años de Terciopelo Azul: villanos que no son de cartón
Terciopelo Azul llegó a los cines estadounidenses con un estreno limitado el 19 de septiembre de 1986. Cuarenta años después, la película que consolidó a David Lynch sigue provocando la misma discusión de sobremesa: sus villanos parecen de cartón piedra. El diagnóstico circula desde el estreno y, con bastante probabilidad, es falso.
Por qué los villanos de Lynch parecen exagerados
La explicación más repetida apunta al expresionismo. Los antagonistas lynchianos funcionan como monstruos de un carnaval oscuro, figuras deliberadamente operísticas que no pretenden pasar por personas corrientes. Bajo esa lente, la exageración no es un defecto de escritura, sino el motor del relato. Isabella Rossellini sale reforzada de cualquier revisión de Terciopelo Azul, y ahí el consenso es amplio. Laura Dern genera bastante más división: hay quien la considera una presencia más que correcta y quien la encuentra directamente antipática. El desacuerdo dice más del público que del personaje.
Carretera Perdida, la etiqueta mainstream y las bandas sonoras
El reparto de etiquetas ocupa buena parte de la conversación. Carretera Perdida aparece citada como la más accesible, con el matiz de que tratándose de Lynch esa palabra no significa gran cosa, mientras Mulholland Drive se describe como infravalorada. La pregunta incómoda es qué ocurre al proyectar Mulholland Drive o Inland Empire ante público comercial: la sala se vacía antes del final. También hay quien reivindica el apartado sonoro, con Carreteras secundarias y el tema de Terciopelo Azul como cima.
La comparación con Tarantino aparece sin venir a cuento y se resuelve con acusaciones de plagio a Kurosawa y a Leone que conviene dejar en el terreno de la opinión, no del hecho probado.
Previsiblemente, la discusión no se cerrará. Dentro de otros cuarenta años alguien volverá a preguntar por qué los villanos de Lynch son de cartón piedra.