El cine no murió en 1999: dos décadas de películas que lo desmienten
Hay un tópico que reaparece cada vez que alguien pregunta por cine: que la última década dorada fueron los noventa. La pregunta, formulada en voz alta, es sencilla: ¿alguna joya a partir del año 2000? La respuesta no llega ordenada. Llega convertida en pelea.
Y pelea de las buenas. En cien respuestas se pasa de recomendar «Infiltrados» a discutir si Scorsese levantó cabeza tras dejar el caballo, y de reivindicar «Blade Runner 2049» a negarle cualquier valor por lo que la cinta hace con Deckard. El nivel de agresividad es directamente proporcional a lo que cada cual se juega en la respuesta.
El Señor de los Anillos, el único acuerdo posible
Si algo se repite en casi todas las listas es la trilogía de Peter Jackson. Aparece entre los títulos más populares y entre los más cinéfilos, sin distinción de bando. Es, con diferencia, el punto de consenso más sólido de todo el recuento. Con una matización incómoda: hay quien la salva pero reconoce que revisarla se hace cuesta arriba, a diferencia de Indiana Jones o Regreso al Futuro, vistas cincuenta veces sin pestañear.
Alrededor, el caos. Gladiator, Donnie Darko, Mulholland Drive, Hijos de los hombres, Nightcrawler, The Grand Budapest Hotel, Mad Max: Fury Road, Old Boy, La Gran Belleza, El caballero oscuro, Nocturnal Animals, Training Day, Al filo del mañana, The Northman. La horquilla va del blockbuster al autor sin ningún pudor.
Pearl Harbor, el detector de snobs
Ningún título calienta tanto el ambiente. Un sector sostiene que quien defiende Pearl Harbor merece la infamia más absoluta, y que a los quince minutos ya está deseando que llegue el ataque para acabar con el reparto. Enfrente, el argumento contrario: se la desprecia por tener una historia romántica como trama principal, exactamente lo mismo que le ocurre a Titanic, «una de las mejores películas de la historia» según esta corriente. La acusación es directa: snobismo disfrazado de criterio.
La réplica es igual de contundente. Hablar de trama romántica en Pearl Harbor es un chiste: lo que hay ahí es otra cosa. El intercambio resume bien el tono general del asunto.
El cine español que sí se salva
Cuando toca mirar a casa, la criba se reduce. Cinco títulos pasan el filtro: 7 vírgenes (2005), No habrá paz para los malvados (2011), Grupo 7 (2012), La isla mínima (2014) y Tarde para la ira (2016). El comentario que acompaña la lista es una pulla directa a la financiación pública: a ver qué se puede salvar de toda la morralla costeada con nuestros impuestos.
El patrón es claro. Lo que sobrevive es el thriller negro de policías corruptos, bandas y extrarradio. Nada de comedia, nada de cine de autor. Y alguna queja suelta sobre el uso del término «españolas» cuando el apellido del director no suena muy de aquí.
Las series se comieron al cine y la IA, al videoclub
Otra tesis reaparece una y otra vez: lo mejor desde 2000 está en las series, no en las salas. No es una salida aislada, es coletilla final en varias listas, casi como disculpa por no llegar a cinco títulos.
Y ha cambiado el método. Donde antes había un videoclub —alguien recuerda que su padre traía dos películas cada semana, y que ninguna era para niños— ahora hay una inteligencia artificial a la que se le piden recomendaciones. El resultado es desigual. La máquina fabrica listas de hermanas de Megan is Missing, insiste con Short Cuts cuando el recuerdo no encaja y recibe el diagnóstico de mentirosa. La memoria cinéfila, antes colectiva, se delega ahora en un modelo que alucina títulos.
Con estas piezas, el tópico de que el cine murió en 1999 se sostiene mal: se han citado decenas de títulos posteriores, algunos con veinte años encima y ya en el canon. Pero fíjense en el detalle. Casi todas las listas empiezan fuertes y se desinflan al llegar al último puesto. Nadie completa las cinco sin añadir un extra, un «y ya» o una disculpa.