Cuba raciona el combustible y recupera el carro de bueyes
El Gobierno cubano anunció un plan de emergencia que incluye racionamiento de combustible, teletrabajo y clases semipresenciales en las universidades. El poco carburante disponible se reservará a las «actividades económicas» que generan divisas, con el turismo en el centro de la diana. La isla vuelve a mirar al pasado para sobrevivir sin petróleo.
La noticia, adelantada por RTVE, dibuja un escenario que en España solo se recuerda por los relatos de la posguerra. En el parque móvil cubano ya se ha notado: el tráfico ha caído en picado y solo hay gasolina en algunas estaciones, pagando en dólares. El resto, a pie, en bicicleta o en lo que se pueda.
El regreso al gasógeno y a la tracción animal
La comparación con la autarquía franquista no es una licencia literaria. En los años cuarenta y cincuenta, España cubrió el hueco del petróleo con gasógeno, bicicletas, mulos y carbón vegetal. El desfile de la victoria de 1944 se hizo con soldados a pie, en bici o remolcados por caballos. Cuba parece condenada a repetir ese manual.
El gasógeno, que convierte materia orgánica en gas combustible, se probó aquí con resultados discretos. Los coches eléctricos de entonces fueron un fracaso. Lo que funcionó fue lo básico:
tracción animal, piernas y paciencia. Hay quien ya imagina gallinas en el patio, matanza casera y candil de aceite.
¿Por qué Cuba se queda sin petróleo?
El detonante no es solo la escasez interna. Según el relato que circula,
Trump impide que Venezuela envíe crudo, cualquier país que lo haga enfrenta sanciones y aranceles desde el 26 de enero, y México ha sido presionado para cortar el grifo. Sin combustible no hay electricidad: gran parte de la isla depende de la generación térmica.
La discusión sobre si es bloqueo o embargo tiene recorrido. Un sector sostiene que se trata de un embargo por el robo de bienes de empresas y particulares estadounidenses, y que un bloqueo real exigiría una flota frente a las costas. Otros apuntan a que el petróleo que llegaba era regalado y que ahora toca pagarlo al contado en el mercado spot.
La agricultura estatal y el pescado que no se pesca
El modelo económico cubano también tiene su parte de culpa. La producción agrícola y ganadera está en manos del Estado, y la población tiene prohibido pescar para limitar el número de barcos y motores en manos civiles. Una isla rodeada de mar rico y sin pescado en la mesa.
Cría de cerdos y gallinas en semiclandestinidad, redes de vigilancia vecinal y penas de cárcel por actividades que en cualquier otra economía serían domésticas. El resultado es un país que no produce lo que consume y que depende de ayudas externas para lo esencial.
El turismo, la última bala
El plan reserva el poco combustible a las actividades que generan divisas, con el turismo como prioridad. El problema es que un turista no va a caminar del aeropuerto al hotel ni a esperar una ambulancia tirada por un burro. Si no hay transporte, no hay visitantes, y sin visitantes no hay dólares.
La paradoja es que el régimen necesita al turismo para sobrevivir, pero el turismo necesita la energía que el régimen no tiene. El círculo se cierra sobre sí mismo.
La isla lleva décadas vendiendo resistencia como identidad. Ahora la resistencia es literal:
caminar, pedalear y encender candiles. El dato que descoloca no es el racionamiento, sino que un país con mar, sol y tierra fértil dependa de que otro le regale el combustible para no apagarse.