La factura de 700.000 euros que no cuadra ni con la suma ni con el IVA
A primera vista, una cena de 700.000 euros para 15 comensales es solo obscena. A segunda vista, es matemáticamente inviable: la suma de sus partidas no llega a esa cifra, y el IVA aplicado no responde a la legislación francesa. La cuenta circulaba como trofeo de ostentación, pero se cayó a pedazos en cuanto alguien cogió la calculadora.
Los que sí saben de números lo vieron claro: la factura era falsa, o como mínimo un montaje tan burdo que cualquier revisor de la UE lo habría detectado en un minuto. Y encima, dejaba una moraleja incómoda sobre cómo presumimos de riqueza.
Un banquete de caviar, champán y ceros que no suman
El documento describía una comida para 15 personas en un restaurante de la Costa Azul, con 90 botellas de champán y vino, cinco kilos de caviar Beluga y, cómo no, una botella de Domaine de la Romanée-Conti, un Borgoña que se disputa el título de vino más caro del planeta. A 50.000 euros por cabeza, habría que ser muy malo comiendo (o muy bueno bebiendo) para llegar a ese desembolso.
De entrada, la aritmética ya cojea: el total en base imponible aparece como 324.870,43 euros, y tras sumar dos bloques de importes el resultado razonable es 423.428,37. En ningún caso 700.000. Alguien puso ceros de más, o confió en que nadie sumaría.
El IVA delata al falsificador en dos movimientos
La primera pista es fiscal. De 324.000 euros en base imponible a 690.000 con impuestos hay un salto del 112%. El IVA francés de restauración es del 20%, no del 112%, así que por ahí ya no hay por dónde cogerlo. La segunda pista son los decimales: precios como 1.666,67 o 833,33 aparecen cuando se divide un precio con impuesto entre 1,2. Esa es la conversión de un precio TTC (con IVA) a HT (sin IVA). En vinos y champanes es un proceso lógico, pero esos mismos decimales se cuelan en platos de comida, que en Francia tributan al 10%, no al 20%. Cuando un detalle así se repite de manera indiscriminada, no es un error: es una firma de fábrica.
Y el separador de miles remata la faena: en Francia se usan el espacio o la coma, nunca el punto. Esta factura usa el punto, una manía muy española.
El número de IVA que no pasó la aduana
La prueba definitiva llegó con el número de identificación fiscal: la factura muestra el FR 06 309 958 174, pero el número correspondiente al restaurante SOGAT, que explota el Club 55 de Pampelonne, es el FR 04 538008913. La Comisión Europea permite verificar cualquier número de IVA intracomunitario en el sistema VIES. El de la factura no da con ningún titular fiable, así que el documento no es que tuviera una coma mal puesta: es que era un fake de manual.
Detrás quedó la anécdota del Mathusalem de Romanée-Conti de 2006, esa botella gigante de 900 euros la unidad por la que alguien habría pagado en la factura más de 100.000. O no, porque nadie pudo confirmar que el restaurante la tuviera en carta. El espejismo sigue ahí, para quien quiera alardear con un folio que ni su autor se molestó en cuadrar.
Ahora la pregunta es cuántas de las facturas que presumen las redes aguantarían el mismo escrutinio. Algunos sostienen que esta solo era un montaje para burlarse de los nuevos ricos; el problema es que los nuevos ricos suelen ser reales, y las facturas, por desgracia, también llegan a serlo. Si esta es falsa, no hay que alegrarse: el simple hecho de que alguien la inventara apunta a un mundo donde los 700.000 euros ya no son la excepción, sino el chiste. Y el humor nunca ha sido buen consejero para la economía doméstica.