Justo al revés: esos decimales son la mejor prueba de que la factura es auténtica.
En Francia los precios se muestran al público con impuestos incluidos, y el sistema de caja saca la base imponible dividiendo. Un plato de 100 euros al 20% da 83,33 de base. Uno de 80 da 66,67. Uno de 200 da 166,67. Los terminales en 0,33 y 0,67 no son un despiste del falsificador, son la huella aritmética de convertir precios de carta redondos en base imponible. El que se inventa una factura escribe cifras redondas, y eso sí canta.
Y los números que ha puesto reconvertido más arriba lo rematan. 324.870,43 de base, 32.487,04 de servicio y 66.070,90 de IVA. Lo primero, el servicio es exactamente el 10% de la base, al céntimo. Lo segundo, y esto es lo bueno: esos 66.070,90 sobre 357.357,47 salen al 18,49%. Nadie se inventa un 18,49%.
De dónde sale ese número. En Francia la restauración lleva IVA del 10% en comida y bebida sin alcohol, y del 20% en bebidas alcohólicas. Si despejas qué mezcla produce 66.070,90 salen unos 303.350 euros de alcohol y unos 54.000 de comida. Un 85% de la cuenta en bebida. Con sesenta botellas de champán y un Romanée Conti de por medio, es exactamente el reparto que cabe esperar. Para falsificar eso habría que conocer los dos tipos del IVA francés y resolver la ecuación hacia atrás para que el porcentaje efectivo cuadrase con lo que hay en la carta.
Hay un tercer control que también pasa. Si el servicio no formase parte de la base imponible, el IVA saldría al 20,34% sobre 324.870,43, y eso es imposible porque no existe tipo por encima del 20. O sea que el servicio va dentro de la base, que es justamente como se hace allí. Tres comprobaciones independientes y las tres cuadran.
Lo que no cuadra es el titular. La suma da 423.428,37, no 700.000. Ahí es donde yo miraría: o falta una página de la cuenta, o alguien sumó a ojo. Y a los que dicen que no salen los números, lo que suele pasar es que suman las líneas visibles y se olvidan de que el servicio se calcula sobre la base y no sobre el total con impuestos.