Termo eléctrico: cuántos litros necesita una casa y qué mirar antes de comprar
Dos personas, agua caliente solo para la ducha y una caldera de gas que se enciende cinco veces al año para calefacción. Con esas premisas, la factura bimensual ronda los
40 euros, y la mayor parte se va en término fijo e impuestos, no en gas quemado. La pregunta que abre el asunto no es cuánto cuesta el termo, sino cuántos litros hacen falta de verdad para no quedarse con el grifo frío a media ducha.
La respuesta corta que sale de la experiencia acumulada: entre
30 y 50 litros sobra para dos adultos que no se duchan a la vez. El de 30 obliga a esperar unos
15 minutos entre ducha y ducha si la primera se alarga; el de 50 elimina esa espera y la diferencia de precio es ridícula. Subir a 80 o 100 litros solo tiene sentido si alguien se baña en bañera o si el agua se quiere muy caliente.
¿Cuántos litros de termo eléctrico necesita una familia de dos personas?
El consenso es amplio:
50 litros es la apuesta segura. Quien probó ambos tamaños sostiene que el de 30 sirve si los horarios de ducha no coinciden, porque recupera la temperatura en media hora. Quien vive con más gente y tira de 50 litros asegura que nunca se ha quedado sin agua con tres duchas seguidas en una hora.
El matiz importante es el uso. Si se friega con agua caliente del grifo, ni 30 ni 50 ni 80 litros aguantan: el agua de cocina se lleva el depósito por delante. Y si alguien se baña, con 50 litros no se llena la bañera. Para ducha y poco más, 50 litros cumplen de sobra.
¿Es más barato un termo eléctrico o una bombona de butano?
Aquí el análisis se parte. Hay quien calcula que una bombona dura cuatro meses y cuesta
16 euros, lo que da un coste imbatible. Pero el cambio exige adaptar la caldera a butano o propano con un instalador autorizado, guardar dos bombonas para no quedarse sin agua, hacer la revisión anual y asumir que la normativa puede apretar más adelante. El desplazamiento a la gasolinera para reponer tampoco es gratis en tiempo.
El termo eléctrico tiene su propio coste oculto: la resistencia se cubre de cal, sobre todo en zonas de agua dura, y necesita más energía para calentar lo mismo. La limpieza anual es obligatoria si no se quiere pagar de más en cada ducha.
Consumo real de un termo eléctrico de 50 litros
Los números que se manejan en el asunto son modestos. Una medición de 15 días en un termo de 50 litros da
16 kWh, poco más de
1 kWh diario, que al año se queda en torno a
390-400 kWh. La caldera de gas, en cambio, consume unos
0,04 euros al día de electricidad solo por estar en marcha, más el gas y sus fijos.
El cálculo completo, desglosado partida a partida entre término fijo, alquiler de contador, consumo e impuestos, da un suelo de
0,42 euros diarios que el termo no necesariamente iguala. Ahí está la trampa de la cuenta fácil.
Qué marcas y qué instalación conviene
Sobre marcas, la experiencia es desigual: hay quien cambió tres resistencias y acabó con el depósito agujereado, y quien lleva más de cinco años sin un problema con otra firma. La recomendación repetida es acudir a una empresa instaladora de barrio con personal acreditado, sobre todo si se toca gas.
Montar un termo eléctrico uno mismo es sencillo si se tienen nociones: racores, tubos y enchufar. El paso crítico es
purgar el aire abriendo el grifo del agua caliente durante el llenado, porque una burbuja grande hace detonar el aparato. Y una válvula termostática a la salida estira el agua caliente más de lo que parece.
El ajuste que casi nadie hace
Bajar el termostato interior reduce el consumo de forma apreciable y, de paso, invita a ducharse más rápido. El ahorro es doble: menos energía para mantener el depósito y menos tiempo bajo el chorro. Con el agua a 42 grados, como la tenía configurada la caldera, la ducha va de sobra.
Ahí se atasca la comparación. El termo gana en simplicidad y en eliminar fijos, pero pierde en recuperación y en mantenimiento. La bombona gana en coste por litro calentado, pero pierde en legalidad y logística. Nadie ha cerrado la cuenta con todos los factores dentro.