Termo eléctrico o calentador: elegir entre agua infinita y factura alta
¿Merece la pena cambiar un calentador de gas por un termo eléctrico solo para no esperar a que salga el agua caliente? Quien ha dado el paso lo describe como un
pequeño lujo doméstico: abrir el grifo y que el agua salga caliente sin encender nada, sin encendido automático y sin bombona de por medio. El salto, dicen, está a la altura de pasar de no tener aire acondicionado a tenerlo. La euforia dura hasta que llega la factura y alguien se pone a echar cuentas.
Qué es un termo eléctrico y en qué se diferencia de un calentador
Conviene fijar los términos, porque el lío es habitual. El termo eléctrico almacena: llena un depósito, lo calienta y lo mantiene a temperatura para que el agua esté lista en cualquier momento. El calentador de gas calienta al paso, con un serpentín por el que circula el agua y una llama que la calienta en el instante en que se abre el grifo. La consecuencia es doble: el termo entrega agua caliente sin esperas y el calentador la entrega sin límite, todo el tiempo que haga falta.
Los calentadores antiguos obligaban a encender y apagar, y ahí nacía la incomodidad. Los modelos actuales arrancan solos al abrir el grifo; hay equipos con turbina y dinamo que generan su propia corriente. La pega que nadie discute es la bombona: cambiarla sigue siendo trabajo manual.
La potencia: 10 kW de gas frente a los 2,5 kW de un termo
Uno de los ejes del asunto es la potencia. Un calentador de gas ronda los
10 kW, mientras que un termo eléctrico rara vez pasa de
2,5 kW, porque, según se explica en el debate, la red eléctrica sufre con consumos muy rápidos y el término de potencia se paga. Esa diferencia explica por qué el gas calienta más rápido y por qué el termo se toma su tiempo.
En cifras: un termo de 50 litros recupera el agua caliente en
20 o 25 minutos, y hay aparatos que declaran 2.700 W de potencia. En invierno, un depósito mayor puede necesitar de tres a cuatro horas. Un participante estima el consumo diario en unos 6 kWh en el peor caso, medio euro al día si se aprovecha la tarifa nocturna.
El coste a diez años: la pelea entre 1.100 € y 260 €
Aquí empieza la pelea. Un cálculo que circula compara el coste total —compra, consumo y mantenimiento— y pone el calentador en
1.100 € frente a los
260 € del termo en diez años. La cifra no se acepta sin réplica.
La contrarréplica se apoya en la bombona: 15 € por unidad y mes y medio de agua caliente, dos bombonas al año y ni 40 € de gasto para una pareja. El gas ciudad, en cambio, se percibe caro, hasta 20 € al mes. Y quien vive fuera de casa un mes se enfrenta a la factura fija sin haber consumido nada.
¿Cuánta agua caliente da de verdad un termo de 50 litros?
El depósito engaña. Los 80 litros se mezclan con el agua fría que entra, de modo que, según el cálculo expuesto, se obtienen alrededor de
130 litros templados, no 80 calientes. Cuando se han gastado 40 litros, en el depósito ya hay 80 mezclados y la temperatura va bajando. Por eso muchos suben a 100 o 200 litros y otros defienden que 40 litros por persona es el mínimo sensato.
En medio aparece la cuestión sanitaria. Una parte sostiene que el termo debe mantenerse siempre a
60 grados como mínimo para evitar la proliferación de legionela, y que apagarlo cada día acorta su vida. La otra replica que encenderlo 20 o 30 minutos diarios en una vivienda habitual no genera ese riesgo.
Bombona, revisiones y accidentes: las cifras que cada bando agita
El miedo al gas es un clásico. En el debate se cita un recuento que atribuye
132 muertos a explosiones de gas, mientras otro enlace citado cifra en unos
150 los fallecimientos anuales por electrocución. Ninguna de las dos columnas detalla cuántos casos ocurrieron en un calentador y cuántos en la cocina, la estufa o un vehículo. Quien defiende la bombona recuerda que el gas huele muchísimo, tiende a expandirse y que las revisiones obligatorias se ven como un
trámite más. Quien defiende el termo pregunta, en cambio, si existe algún titular de muertes causadas por el aparato eléctrico.
Aerotermia y enchufes programables: las alternativas que aparecen
Fuera del duelo clásico asoma la aerotermia: un aerotermo que funciona con la tecnología del aire acondicionado, gasta menos de la mitad que un termo eléctrico y permite programar la ducha desde el móvil, aunque exige un espacio exterior cubierto y tiene fama de lento. Para los termos,
la herramienta reina es el enchufe inteligente: programar la carga en horas valle y dejarlo apagado el resto del día. El reverso son los termos que presumen de aplicaciones y se encienden cuando les apetece, hasta hacer saltar el diferencial.
Cada sistema gana en algo. El gas da agua infinita con bombona; el termo da comodidad a cambio de una factura que sube aunque no haya nadie en casa. Falta por responder cuánto estamos dispuestos a pagar por no esperar treinta segundos junto al grifo.