DiverXO pone el menú a 450 € y deja atrás al resto de tres estrellas
Desde septiembre, sentarse a la mesa de DiverXO cuesta
450 euros por comensal. El menú degustación de Dabiz Muñoz sube un
23,28%, según el anuncio difundido por El País, y con ese movimiento rompe el techo del club de las tres estrellas Michelin: ninguno de sus competidores supera los 400 euros. La cifra ha caído como una piedra. Y no por el precio en sí, sino por lo que deja al descubierto sobre quién está dispuesto a pagarlo.
Las condiciones tampoco ayudan a digerirlo. Según cuenta en el hilo uno de los participantes, la reserva exige un mínimo de
tres comensales, se abona íntegra en el momento de formalizarla y suele cerrarse con seis meses de antelación. O sea: la barrera no es solo el precio, es la logística. La cena de dos, esa que cualquiera imagina como plan redondo, no entra en ese sistema. Ahí aparece el primer filtro, y es un filtro de cartera.
El argumento que sostiene la subida: subir hasta que la demanda ceda
La defensa más repetida de la operación no es gastronómica, es contable. Si a 300 euros se llena y a 450 también, subir es lo que toca; y si a 450 la demanda sigue por encima de la oferta, la lógica dicta que hay que ir a 600. Y así hasta encontrar el óptimo. Quien sostiene esto no ve ninguna anomalía: ve un negocio que ajusta el precio a una demanda cautiva.
Desde esa trinchera no hay nada que reprochar. Hay un público al que le sobra el dinero y que puede gastar esa cantidad en una noche, y quien no puede permitírselo simplemente no va: «con no ir asunto arreglado», resume uno de los mensajes. Las cosas caras, se añade, están para quienes les sobra el dinero.
Lo que no resuelve el argumento del óptimo es lo de siempre: la cifra es correcta y la incomodidad también. Que un precio sea
racional en términos de mercado no lo convierte en razonable en términos sociales. Y ahí el asunto se pone interesante.
450 euros son 45 menús en el bar de debajo de casa
La comparación más eficaz del asunto no la firma un economista. Según cuenta un forero, en el bar que tiene debajo de casa sirven tres platos y postre por diez euros: con los 450 del menú se come
45 veces. Otro participante calcula que con la mitad, 225 euros, una familia de cuatro come como reyes en muchos sitios. La cuenta la hace cualquiera, y por eso funciona.
De ahí sale el reproche que domina buena parte del rechazo: no es que el precio sea alto, es que el dinero que lo paga no siempre viene de un esfuerzo equivalente. Hay quien apunta a rentistas, a herencias y a quien vive de rentas, y hay a quien todo esto le parece una simple pataleta. El reproche tiene una segunda vuelta incómoda: la alta cocina moderna arrastra fama de
bluff, de platos de dos bocados y de humo a precio de oro. «Ocho euros de menú y cuatrocientos cuarenta y dos de snobismo», resume uno de los foreros.
Enfrente, otra corriente defiende lo contrario: hay cocina creativa que vale lo que cuesta y la prueba es que existe un público que repite. La discusión, en ese punto, deja de ser económica y se convierte en una pelea sobre qué es el gusto.
Del colchón en el restaurante al menú de 450 euros
Conviene recordar de dónde viene esto. Según recuerda un forero que comió allí entonces, cuando Dabiz Muñoz ganó su primera estrella el menú se pagaba a
unos 80 euros y el local era bastante más modesto. Ese mismo participante describe la cocina como brutal, sin discusión. De eso a los 450 euros hay un recorrido largo, un cambio de local y una habilidad para la autopromoción que no se le discute ni en los mensajes más duros.
El precedente que reaparece cada vez que se abre este melón es Ferran Adrià, que, según otro de los participantes, tardó años en ser el mejor cocinero del mundo y tenía, cuentan, un cuarto con un colchón en el Bulli para dormir entre servicios. La anécdota no se usa para elogiarle: se usa para decir que a Muñoz le falta ese recorrido y que el relato de genio le ha llegado antes que el expediente. En el debe queda también la comparación con Arzak, el cocinero que, según el relato de un forero, en una mesa redonda preguntó a Morgan Spurlock por qué comía solo en una cadena de comida rápida y no en otras, y le vino a decir que si alguien comiera una semana entera de menús de degustación en su restaurante probablemente no llegaría al fin de semana. Spurlock murió a los 53 años. Arzak sigue ahí.
La historia se cuenta como lo que es, una anécdota, pero ilustra una posición que recorre el hilo: la alta cocina moderna no es comida de todos los días ni pretende ser barata.
El dato, al final, es simple: 450 euros, un 23,28% más y una reserva que, según se cuenta, exige tres personas, seis meses y la cuenta pagada por adelantado. Lo que sigue sin resolverse es qué se compra exactamente con eso. La conversación empieza discutiendo precios y termina discutiendo si el mérito, el gusto y el dinero guardan alguna relación entre sí. Nadie ha ganado todavía esa discusión.