El IBEX rebota desde los 5.800 y nadie da por cerrada la caída
¿Se ha acabado la caída en bolsa del coronavirus? El IBEX pasó de los 10.000 puntos a los 5.800 y el Dow Jones, de los 30.000 a los 18.000. Después, rebote. La pregunta es si ese rebote es el final del desplome o un
bull trap de manual, y la respuesta honesta es que no hay consenso ni de lejos. Lo que sí hay es una lista de razones muy concretas para desconfiar.
¿Por qué sube la bolsa mientras la economía real se hunde?
Porque el precio lo pone la impresora, no la caja registradora. La Reserva Federal bajó los tipos a cero y lanzó un nuevo programa de compra de activos masivo; el BCE riega el continente con liquidez. Con los bancos centrales comprando deuda y el dinero institucional buscando rentabilidad en cualquier sitio, las subidas tienen menos que ver con la actividad económica que con la mecánica de la liquidez.
Hay quien va más lejos y sostiene que esto ya no es política monetaria convencional, sino algo parecido a la teoría monetaria moderna: repartir dinero hasta que el sistema aguante lo que aguante. La tesis es discutible, pero tiene una parte incómoda de verdad: desde 1973 la economía financiera dejó de ser un espejo de la economía real. Japón lleva décadas quebrada y ahí sigue su índice.
El IBEX sigue en la UCI: banca, turismo y coches
España no juega el mismo partido que Estados Unidos. Turismo y automoción pesan en torno al
22% del PIB, y son precisamente los dos sectores que peor lo van a pasar si el verano se queda corto y el otoño trae rebrote. Hoteles que cuentan con llenar con 80 millones de visitantes, aerolíneas y gestores aeroportuarios viven de una temporada que no llega.
A esto se suma la bomba de relojería de los impagos. El cálculo más pesimista no descarta que la morosidad supere a la de 2008 y que alguna entidad mediana no aguante tal como cotiza. El otro lado de la balanza: las moratorias de hipotecas y alquileres concedidas por la mayoría de bancos han congelado el problema, no lo han resuelto. Nadie ha visto todavía el impacto real en los balances.
¿Está caro el S&P 500? La cuenta que excluye a las cinco grandes
Aquí llega el argumento más sólido de los optimistas. Si se inventa un índice que excluya a las cinco grandes tecnológicas —las conocidas como FAAMG—, el resto del S&P 500 cotizaría a un
PER de 17, un precio sobre valor contable de 1,2, un precio sobre ventas de 1,3 y un precio sobre flujo de caja de 9. Son cifras casi calcadas a las del Eurostoxx, ese que todo el mundo da por barato. Y con el bono a diez años pagando un
0,6%, la comparación cambia de color.
El matiz lo ponen los intangibles: marca, datos, poder de fijación de precios, talento interno. Nada de eso lo mide un PER. Eso no convierte a las tecnológicas en baratas —a estos precios no hay margen de seguridad—, pero sí explica por qué llevan años pareciendo caras sin dejar de subir.
El dato de 2,5 millones de empleos de mayo en EEUU
El titular fue espectacular:
2,5 millones de empleos creados en un solo mes. El problema es doble. Primero, se ha apuntado a errores en la elaboración de la estadística. Segundo, y más importante, a ese ritmo harían falta
doce meses para volver al nivel previo a la crisis, y eso no es una recuperación en V. Un parón prolongado vacía los ahorros, la inversión y el consumo, y termina provocando quiebras que no habrían llegado con una vuelta rápida a la normalidad.
La subida que se alimenta de sí misma
Cuando el minorista entra en masa, conviene mirar quién sale por la puerta de atrás. Las búsquedas de términos bursátiles se han disparado, hay
FOMO en el ambiente y las manos grandes aprovechan para vender. La estadística es cruel: pocas veces ganan los particulares cuando todos compran a la vez. «Si preguntas es que no te convence la subida, como a casi todo el mundo. Así que la subida es buena», resume el argumento más cínico y probablemente más acertado de todos.
Y ojo con las expectativas de calendario. Hay quien sitúa el primer golpe serio en el pico de euforia, justo antes de que se publiquen los resultados del segundo trimestre, y quien advierte de que algunos valores pueden dejarse entre un
15% y un 20% en cuanto presenten cuentas a mediados de verano.
Los números que se juegan los más lanzados
La horquilla de previsiones es tan amplia que sirve de radiografía del desconcierto. En un extremo, quien ve el IBEX por encima de
8.000 puntos en Navidad. En el otro, quien lo sitúa en 4.000 y poco antes de cinco años. En medio, los que esperan una nueva caída hasta niveles cercanos a los de marzo y los que creen que el tren ya ha salido. Sobre Tesla, el debate es idéntico: para unos, comprar por debajo de 1.000 dólares será recordado como la gran oportunidad; para otros, fabrica coches que pronto tendrán que competir con todos los supervivientes del sector.
También hay termómetros de calle. Uno de los más citados: cuando proliferen los chiringuitos para comprar oro de las abuelas, será el momento de meter dinero en bolsa. No es un indicador homologado, pero lleva más razón que muchos informes.
¿Finiquitada la caída? El IBEX no lo cree, la impresora opina lo contrario y nadie ha visto todavía una sola hipoteca morosa en los balances. Todo va bien, salvo por el pequeño detalle de que la fiesta la paga otro.