El cálculo que sitúa en 315,82 bcm el gas que falta a Europa
El gas ruso que sigue entrando en Europa por tubería no da para pasar el invierno, según el cálculo que circula en el hilo. Los números, puestos en fila por quienes lo defienden, son tozudos: el caudal diario registrado equivaldría a un año entero de
15,58 bcm; el consumo europeo en su mínimo histórico de 2014 fue de
331,4 bcm. La diferencia —
315,82 miles de millones de metros cúbicos— es, para ese cálculo, el agujero que ningún comunicado tapa. Y la pregunta que sobrevuela el asunto no es retórica: de dónde sale ese gas. Nadie ha dado todavía, según los participantes, una respuesta que aguante una resta.
El flujo ruso y el consumo europeo en el cálculo
La primera trampa es la unidad. Los datos internacionales usan el bcm, y ahí la «B» no es el billón español sino el
billion anglosajón: mil millones de metros cúbicos. Un millón de metros cúbicos equivale a 0,001 bcm, y buena parte de la confusión nace de mezclar escalas como si fueran la misma cosa.
Con esa equivalencia sobre la mesa, el cálculo es de primaria, según quien lo plantea. Si el caudal que Rusia envía a Europa —
0,0427 bcm diarios, según la fuente que se cita en el hilo— se mantuviera 365 días, el total anual se quedaría en 15,58 bcm. El consumo europeo del peor año de la serie reciente, 2014, fue de 331,4 bcm. Restar deja un hueco de 315,82 miles de millones de metros cúbicos. En el hilo se subraya que ni el ahorro doméstico ni apagar las luces de las oficinas cubrirían esa distancia.
¿De dónde va a salir el gas que falta?
Los proveedores alternativos existen, pero no son una palanca instantánea, sostienen los participantes. Estados Unidos, Argelia y Nigeria han ganado peso, aunque con matices: el gas argelino no está llegando a España como antes y su precio se ha revisado al alza, según añaden. Irán podría ser un exportador relevante, pero no antes de cuatro o cinco años, según los plazos que se manejan en el hilo.
El frente más citado es el del gas licuado, y aquí aparece un argumento que los participantes consideran difícil de rebatir: los buques metaneros no se reprograman por decreto. La flota activa rondaría los
500 barcos, y la mayoría arrastraría contratos firmados con años de antelación. Un mercado nuevo no se abastece sin desabastecer a otro.
El pago en rublos: Polonia y el gas que venía de Alemania
Hay un precedente que, según se relata en el hilo, explica por qué la trazabilidad del gas importa poco. Cuando Moscú exigió cobrar en rublos, varios países se negaron y otros pasaron por el aro. A Polonia le cortaron el suministro y acabó comprando gas alemán que, a su vez, procedía de Rusia. En cada frontera el origen se difumina; en la factura, no.
El tope al precio del crudo ruso y el recorte de la OPEP
En paralelo, la política energética. El G-7 fijó un tope al precio del crudo ruso para permitir su transporte marítimo, y en el hilo se comenta que la Unión Europea ha puesto un tope al precio del gas ruso. La OPEP acordó además recortar el bombeo en
100.000 barriles diarios desde octubre. Dos movimientos que, según los participantes, empujan en la misma dirección: menos oferta, precio más alto.
La paradoja que señalan varios participantes es que el tope no resuelve el desabastecimiento. Si el precio se fija por decreto, el incentivo para ahorrar se diluye; el volumen, en cambio, sigue siendo el mismo. Y el volumen es el problema. Ni a Rusia le interesa cortar del todo —perdería ingresos— ni a Europa le interesa un corte total, porque su economía se resentiría.
India recorta sus compras de petróleo ruso un 40%
El cerco al crudo añade otra capa. Los flujos de petróleo ruso hacia India cayeron un
40% en la última semana de agosto, después de la visita de responsables estadounidenses, según se recoge en el hilo citando a Bloomberg. En paralelo, el G-7 prohibió el transporte marítimo de crudo y derivados rusos salvo que se compren por debajo de un precio máximo fijado por la coalición.
El efecto colateral que señalan algunos participantes es el reenvío. El gas y el petróleo rusos seguirían llegando a Europa, pero dando la vuelta al mundo: se revenden desde Turquía, India o Israel, y el cliente europeo paga dos o tres veces más de lo que habría pagado en origen, según estos cálculos.
Argelia, Israel y Líbano: dónde queda el gas del Mediterráneo
Los yacimientos del Mediterráneo oriental aparecen una y otra vez en la ecuación. Hay quien sitúa en los bloques marítimos del sur del Líbano una de las piezas del rompecabezas, con una petrolera francesa en el centro de las conversaciones y garantías que se negocian entre Washington e Israel. La otra pata es Argelia: puede revisar precios y sufrir averías, y su gas ya no se licua en Cartagena para revenderse al cliente alemán con el margen de antes, según sostiene un participante.
¿Se puede sustituir el gas ruso con renovables?
La respuesta más optimista llega por el lado de la generación eléctrica. Según un participante, la producción solar española ha superado este verano, en el cómputo diario, a la generación con gas, y la apuesta por instalar capacidad sigue creciendo.
El coste: los 50.000 euros por europeo que se citan en el hilo
El cierre llega con la factura. Hay una cifra que, según un participante, resume el problema:
50.000 euros por europeo para alcanzar el autoabastecimiento energético. Con ese dinero, añade, no cuadra ningún plan. Si el precio del megavatio se dispara, la conversación se traslada a la industria: quién aguanta el invierno y quién vende la planta a precio de saldo. Como resumen algunos, la respuesta europea se mide en porcentajes —de armamento, de resiliencia, de sostenibilidad— y ninguno cubre un metro cúbico de gas.
Con estos mimbres, lo previsible, según los participantes, es que el invierno se juegue en los precios y no en los volúmenes: mientras haya gas, aunque sea caro, el sistema aguanta. Si el frío aprieta y los metaneros no llegan a tiempo, los 315,82 bcm dejarán de ser un ejercicio aritmético. Un participante advierte incluso de que la veda podría abrirse contra los propios buques metaneros.