De “¿eres mantero?" a “¿eres modelo?“: la historia de Cheikh, de una patera a las pasarelas :)

De “¿eres mantero?" a “¿eres modelo?“: la historia de Cheikh, de una patera a las pasarelas :)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Cheikh Kane pasó de vender falsificaciones a los turistas en el paseo marítimo de Marbella a desfilar para firmas de moda. Su historia, escrita junto a la periodista María Albarral, se publica como «Una casa para mi madre».

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Cheikh Kane pasó de vender falsificaciones a los turistas en el paseo marítimo de Marbella a desfilar para firmas de moda. Su historia, escrita junto a la periodista María Albarral, se publica como «Una casa para mi madre».

La vida tiene un sentido del humor que a veces resulta difícil de seguir. Un día estás vendiendo imitaciones de bolsos en el paseo marítimo y al siguiente alguien te para para preguntarte si eres modelo. No es el argumento de una película, es la biografía de Cheikh Kane, un joven nacido en Touba, Senegal, que ha terminado escribiendo un libro sobre su propia trayectoria. El volumen se titula Una casa para mi madre y lleva por subtítulo «De emigrar en patera a convertirse en supermodelo: la historia real de un sueño imposible». Lo firma junto a la periodista María Albarral, granadina de 1982, que fue quien le hizo la primera entrevista y que hoy trabaja como su asistente en el mundo de la moda.

La historia comienza en el puerto de Marbella, en un momento de tensión entre manteros y policías. Allí se cruzaron. Ella le preguntó si era mantero y él respondió con ironía si lo decía por ser negro. La conversación derivó en una entrevista que se publicó en el Diario SUR y que, después de grabarse en vídeo, provocó llamadas de medios nacionales como Antena 3, Telecinco o La Sexta. De ahí surgió la posibilidad del libro, que encontró su camino editorial tras una comida en Madrid entre Albarral y Carmen Fernández de Blas, de Penguin Random House.

Un cayuco, veintiún días y una escuela coránica

El proceso de escritura no fue un simple ejercicio de transcripción. Albarral y Kane viajaron 21 días a Senegal para documentarse. Recorrieron los lugares de la infancia de él: la playa de Mbour, desde donde se embarcó en el cayuco; la ciudad de Touba, donde se crio; la daara, la escuela coránica. El viaje culminó con el reencuentro con Mbali, la madre de Kane, después de cuatro años separados, en la casa que se iba construyendo con el dinero que él enviaba desde España.

Antes de llegar a ese punto, Kane había pasado por oficios muy distintos. Trabajó en la albañilería, lavó platos y recogió olivas en Jaén. Fue en el paseo marítimo, mientras trabajaba de relaciones públicas, donde recibió la pregunta que le cambiaría el rumbo. Aleksander Santos se le acercó y le preguntó si era modelo. Le explicó quién era y que llevaba días pensando si acercarse o no. Kane aceptó una sesión fotográfica. Las fotos salieron tan bien que hubo gente que dijo que eran mentira, que él ya era modelo de antes. La ironía del destino quiso que acabara desfilando para marcas de las que, en sus días de mantero, vendía falsificaciones a los turistas.

Aprender a desfilar viendo vídeos en YouTube

Contrariamente a la fama de competitividad que rodea al sector de la moda, la experiencia de Kane ha sido una excepción. Tuvo que formarse de manera autodidacta, viendo vídeos de pasarelas en YouTube por las noches, entre un trabajo y otro, con apenas unas horas de descanso. Esa motivación se completó cuando las fotos de Santos hicieron que distintas agencias empezaran a contactarlo por Instagram y a ofrecerle trabajos en campañas.

En sus primeros desfiles, su sinceridad al admitir que no conocía el medio hizo que sus compañeros se volcaran con él. Hay mucha competencia, sobre todo en los castings, pero le ayudaron mucho. Le decían cómo colocarse, cómo poner el perfil, y él añadía lo que había aprendido de los vídeos. Albarral, por su parte, tuvo que implicarse en su nueva etapa como community manager. La entrevista de Cheikh fue de las últimas que hizo para el diario. Tenía previsto irse a Lisboa a estudiar portugués, a reconectar con los orígenes familiares. Quería un cambio y, finalmente, fue la carrera de Kane la que se lo dio. No aprendió portugués, pero sí acerca de las últimas tendencias.

Una píldora contra el odio

El libro, narrado en primera persona, busca acercar al lector a una realidad cuya medida nunca llegaremos a entender del todo. Albarral llegó a montarse en una patera, justo en la orilla donde partió la de Kane. Describe el sitio como inhóspito, con las maderas húmedas, el olor, la visión del Atlántico y su amplitud. Cuando miras lo que hay detrás y ves que tienes la opción de escapar de una situación de pobreza o de miseria, entiendes cuánta desesperación puede haber para que esas personas se jueguen la vida. En Senegal saben que se la juegan: a sus costas llegan los cadáveres, tienen redes sociales y noticias, y ven cómo la mayoría se quedan por el camino.

Tanto Kane como Albarral definen el libro como una píldora contra el odio y, a la vez, un ejercicio de memoria. Los casos migratorios que describe son los mismos que los de los españoles no hace tantos años. Como periodistas, insisten, hay que poner foco y voz en realidades que muchas veces ni nos planteamos debido a su lejanía. Kane lo resume sin florituras: viene a trabajar dura y honradamente, a buscar un futuro mejor y ayudar a su familia. Gracias a que tiene todos sus papeles en regla, trabaja sin parar y paga sus impuestos para garantizar una sanidad y una educación públicas y de calidad, cotizando legalmente para sostener las pensiones.

Datos clave
  • Cheikh Kane nació en Touba (Senegal) y llegó a España en cayuco desde la playa de Mbour.
  • Trabajó de albañil, lavó platos y recogió olivas en Jaén antes de dedicarse a la moda.
  • El libro «Una casa para mi madre» lo firma junto a la periodista María Albarral (Granada, 1982).
  • El viaje de documentación a Senegal duró 21 días y culminó con el reencuentro con su madre Mbali tras cuatro años separados.
  • Aleksander Santos lo descubrió en el paseo marítimo de Marbella preguntándole si era modelo.
Fuente: elpais.com
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Solidario García

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Vivimos tiempos en los que conceptos como “Lo mejor” y “Lo peor” acaban por no poder diferenciarse de lo mucho que se han aproximado sus extremos. Podemos ser testigos de un acto de heroicidad que asombre y, seguidamente, de otro de crueldad que nos devuelva a ese mutismo inicial. Podemos quedar anonadados con la colección de una firma en un desfile y sorprendidos por las condiciones laborales detrás de los cortinones. ¿Cómo contar, entonces, aquellas historias que han conocido de primera mano el paso de un aspecto a otro? Sencillamente, dándoles la palabra.

A pesar de que el género de las memorias haga pensar en autores de edades provectas, Cheikh Kane (Touba, un martes) demuestra que en la juventud uno también es capaz de mirar atrás y comprobar que ha sido mucho lo recorrido, no siempre en las mejores condiciones. Junto a la periodista, y actualmente su asistente en el mundo de la moda, María Albarral (Granada, 1982), ha escrito Una casa para mi progenitora, con el subtítulo De emigrar en patera a convertirse en supermodelo: la historia real de un sueño imposible, donde, desde los puntos de vista de cada uno, se revive la trayectoria de Kane hasta la actualidad. La complicidad entre Kane y Albarral —se refiere cariñosamente a ella como “My sister”— ha supuesto la base para ordenar la dureza y el desgarro que van inherentes a este tipo de historias. Una apuesta por el cambio de vida que, normalmente, acaba sumida en el fondo del océano.

“Conocí a María en el puerto de Marbella, en un momento de tensión entre manteros y policías. Venían muchos periodistas a preguntar por la zona, y ella, al cruzarse conmigo, me miró y dijo, oye, tú eres mantero, ¿verdad? Y yo: claro, lo dices porque soy […] [risas] Le dije que no, que fui mantero, pero que ahora era modelo aunque siguiese trabajando allí, en los alquileres de motos de agua. Entonces empezamos a hablar y concertamos una entrevista que se publicó donde ella trabajaba, en el Diario SUR, y después de publicarse el vídeo y demás, comenzaron las llamadas de medios nacionales y televisivos: Antena 3, Telecinco, La Sens, etc. Surge ahí la posibilidad del libro y de contar mi historia”, explica Kane.

El encargo desde Penguin Random House le llegó a Albarral tras una comida en Madrid con Carmen Fernández de Blas, quien lanzó la oferta tras escucharle el relato de la vida de Kane. “El proceso de creación, de su escritura, conllevó momentos tan felices como difíciles. Viajamos 21 días a Senegal para documentarnos, recorrimos los lugares de su niñez; la playa de Mbour en la que se embarcó en el cayuco, la ciudad de Touba donde se crió, la daara —la escuela coránica—, y finalmente el reencuentro con su progenitora, Mbali, tras cuatro años separados, en la casa que iba construyéndose con el dinero que le enviaba Cheikh. Fue increíble, muy emotivo”, comenta la periodista granadina.

Después de haber pasado por distintos oficios, entre los que pueden contarse la albañilería, lavando platos o recogiendo olivas en Jaén, Cheikh Kane recibió, tiempo antes de la de María Albarral, otra pregunta que cambiaría su rumbo. “No tenía ni idea, ni sabía nada, del mundo de la moda. Aleksander Santos me encontró en el paseo marítimo, mientras trabajaba de relaciones públicas, y me preguntó: ¿Tú eres modelo, verdad? Me explicó quién era y que llevaba días pensando si acercarse o no. Tuve mis dudas, pero acepté su oferta de una sesión fotográfica. De hecho, de esas primeras fotos, que son además con las que me inicié en el mundo del modelaje, hubo gente que dijo que eran mentira, que yo realmente era modelo, porque salieron bastante bien [risas]”. La vida, irónica en sus decisiones, hizo que Kane acabase desfilando para marcas de las que, en sus días de mantero, vendía falsificaciones a los turistas.

Contrariamente a la fama de competitividad —justificada o exagerada, según el caso— que rodea al sector de la moda, la experiencia de Kane ha supuesto una excepción a la norma. Cuenta en su respectivo capítulo cómo tuvo que empezar a formarse de manera autodidacta, viendo vídeos de pasarelas en YouTube por las noches, entre un trabajo y otro, apenas quedándole unas horas de descanso. Esa motivación, una vez que las fotos de Santos provocaran que distintas agencias comenzaran a contactarlo por Instagram y a darle trabajos en campañas, tuvo que completarse con algo de formación. En sus primeros desfiles, su sinceridad a la hora de admitir su desconocimiento del medio, hizo aflorar la solidaridad de sus compañeros. “Hay mucha competencia, claro, más si vas a un casting. Pero me ayudaron mucho. Me decían, no te preocupes, tienes que ponerte así, el perfil y tal, y ya luego añadía lo aprendido de los vídeos”.

Albarral, por su parte, tuvo que implicarse en su nueva etapa como community manager. “La entrevista de Cheikh fue de las últimas que hice para el diario. Yo iba a irme a Lisboa a estudiar portugués, a volver a conectar con los orígenes familiares. Quería un cambio y, finalmente, fue la carrera de Cheikh la que me lo dio. No aprendí portugués, pero sí acerca de las últimas tendencias”.

Una casa para mi progenitora, confiesa Albarral, ha sido una responsabilidad que asumir. A pesar de las facilidades que ofreciera la complicidad de su amistad, a nivel profesional no estaba exento de complicación. “El hecho de que en el libro utilicemos la primera persona era una manera de acercar al lector todo lo posible a una realidad cuya medida nunca llegaremos a entender en su alcance, a no ser que se vea con ojos propios. El objetivo principal era poder llegar a sentir lo que Cheikh sintió. Yo llegué a montarme en una patera, justo en la orilla donde partió la suya, y el encontrarme allí, en ese sitio inhóspito, con las maderas húmedas, el olor, la visión del Atlántico y su amplitud, cuando miras lo que hay detrás y ves que tienes la opción de escapar de una situación de pobreza o de miseria… Sí, es un deber que la gente comprenda cuánta desesperación puede haber para que esas personas se jueguen la vida, porque en Senegal saben que se la juegan, a sus costas llegan los cadáveres, ellos tienen redes sociales y también noticias. Ven cómo la mayoría se quedan por el camino”.

El libro, narrado con detalle, muestra cómo la narrativa personal puede transformar la percepción pública sobre la migración y la industria de la moda.
 
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