Croquetas, infidelidad y una Nochebuena que se torció
¿Se puede arruinar una cena de Nochebuena con una bandeja de croquetas caseras? Según el relato que circula estos días, sí. La historia arranca en la compra, en el callejón de la leche de un supermercado, donde un hombre se topa con una conocida con cara de pocos amigos. Ella le cuenta que le espera una noche horrible: una cena con gente que no le hace gracia y un novio que, en un arrebato de entusiasmo culinario, ha decidido llevar croquetas caseras al evento. El desenlace, siempre según esta versión, es que la mujer manda al novio al carajo, se va con el narrador y este presume de la noche. Horas después, el novio llora y promete cambiar. Y las croquetas, convertidas en prueba gráfica, se pasean por dos hilos distintos del foro principal.
El relato tiene todos los ingredientes del cuento navideño perfecto para internet: infidelidad, humillación, comida casera y un supuesto acto de justicia poética. Pero también tiene agujeros. El propio autor reconoce que no puede aportar más pruebas por «protección de datos» y se escuda en la foto de las croquetas como evidencia irrefutable. La comunidad, que no es ingenua, empieza a pedir explicaciones.
¿Por qué las croquetas se convirtieron en el centro del relato?
Porque son el objeto físico que sostiene toda la historia. Sin las croquetas no hay humillación, no hay prueba, no hay hilo. El narrador insiste una y otra vez en que las croquetas son la chispa que lo inició todo: «La chispa de la cocreta es lo agita y mueve al mundo», escribe. Y añade: «Extragnos caminos toma el conocimiento». La foto de las croquetas, que según él demuestra la dejadez del novio, se repite en dos hilos diferentes del foro principal, lo que provoca quejas por falta de esfuerzo: «Curraoslo un poco», le espeta otro participante.
La comunidad se divide entre los que se ríen y los que exigen pruebas. Unos piden fotos de la protagonista, otros directamente acusan al narrador de inventarse la interacción: «El op se acerca a una tía en un callejón y le pregunta qué te pasa y esta le cuenta su vida», ironiza un mensaje. La respuesta del autor es siempre la misma: «No tío, es real». Y remata: «Hace un rato me acaba de dar las gracias por la noche que ha pasado».
El novio, la carne mechada y la enfermedad del ciervo zombi
El relato va sumando capas. Primero, el novio prepara croquetas caseras. Después, el narrador asegura que el novio «había preparado carne mechà» y que la protagonista promete traerle un poco, diciendo que es para la suegra. Más tarde, el novio cae enfermo: «Al novio le cayó la enfermedad del ciervo zombi», escribe el autor, una expresión que nadie aclara y que algunos interpretan como una forma de decir que se quedó hundido. La historia se cierra con el novio llorando toda la mañana y pidiendo cambiar.
El detalle de la carne mechada es el que más gracia hace a los lectores. «Carne mechá que te va a traer, pero es para la suegra: me orino», escribe uno. Otro resume el tono general: «Nos cuenta una fantasía navideña con la que se habrá hecho veinte pajas y la prueba son unas croquetas».
¿Es creíble el relato o es un trolleo navideño?
La credibilidad es el eje del debate. Hay quien señala que la historia encaja demasiado bien: el encuentro casual, la confesión inmediata, la infidelidad exprés, las croquetas como prueba material. «Claro, el op se acerca a una tía en un callejón y le pregunta qué te pasa y esta le cuenta su vida», resume un mensaje. Otro apunta directamente a la falta de esfuerzo: «Lo curioso no es el op, sino los que le dan zanks creyéndose cualquier historia».
El autor se defiende con humor y con una petición de fe: «Ay hombres de poca fe, mira esas cocretas hermano. Ha sido un acto de justicia». Y cuando le piden más pruebas, responde: «Me encantaría tío, pero me dicen mis abogados que es mala idea por lo de la protección de datos». La coartada legal, en un relato de este tipo, suena a excusa de manual.
El efecto colateral: croquetas en dos hilos y un misterio sin resolver
El relato ha generado un ecosistema propio. Las croquetas aparecen en dos hilos distintos del foro principal, lo que provoca quejas por repetir material. Alguien pide un hilo didáctico sobre «el secreto milenario y misterioso de la formación de la cocreta ferpecta». Otro sugiere que faltan aliens para completar la historia. Y un tercero resume el absurdo: «Faltan croquetas zombies, por lo demás, me lo creo».
La historia no se cierra. El autor promete más fotos cuando reciba la carne mechada. La protagonista, según él, sigue arrepentida. El novio, llorando. Y las croquetas, convertidas en icono involuntario de una Nochebuena que nadie olvidará, siguen dando que hablar. Si todo esto es verdad, alguien debería escribir una novela. Si no lo es, al menos nos ha dejado la mejor excusa culinaria del año.